En el lenguaje de la política se llama purga a la exclusión, expulsión, o como se le quiera llamar al acto de sacar a una persona de un partido mediante procedimientos violentos o de cualquier manera arbitrarios, por considerarla indeseable o perjudicial para los intereses de los cabecillas de la organización.
Precisamente eso, una purga, es lo que le han aplicado al indefendible expresidente de Nicaragua y otrora poderoso caudillo del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Arnoldo Alemán Lacayo, quien ha sido despojado de su condición de presidente vitalicio y echado ignominiosamente de esa organización política.
A juzgar por las informaciones e investigaciones periodísticas, así como por las declaraciones de sus adversarios y antiguos correligionarios, compañeros y vasallos de partido, hay muchas causas y motivos para excluir a Arnoldo Alemán del PLC. Al parecer, es muy probable que si a Alemán lo hubiese juzgado un tribunal de honor del mismo PLC, o de personas ajenas al mismo pero ecuánimes y justas, la sentencia hubiera sido expulsarlo. Pero sus excompañeros decidieron echarlo mediante el procedimiento de la purga, que es propio de los Estados totalitarios y los partidos autoritarios.
Según la información suministrada por un vocero oficial del PLC y publicada en LA PRENSA de este martes 30 de marzo, la decisión de quitarle a Alemán la condición de presidente honorario vitalicio fue tomada por el Comité Ejecutivo y la presidenta del partido, María Haydée Osuna, quienes de inmediato la pusieron en conocimiento del Consejo Supremo Electoral de la dictadura —el que decide sobre la suerte de los partidos a conveniencia de Daniel Ortega—, para que la ratifique.
Pero la decisión es ilegal, a juicio de María Fernanda Flores, esposa de Arnoldo Alemán, exvicepresidenta del PLC y ahora lideresa del disidente Movimiento Liberal. La señora Flores de Alemán alega que según el artículo 20 de los Estatutos del PLC, los afiliados a este partido político que hubiesen desempeñado constitucionalmente el cargo de Presidente de la República, serán miembros de por vida del partido con pleno derecho de participar con voz y voto en todas sus estructuras.
Si eso es lo que establecen los Estatutos del PLC, como lo hemos verificado, para despojar a Arnoldo Alemán de la presidencia honoraria vitalicia debió ser convocada la Convención Nacional de 1,200 miembros del partido, a fin de que reformara el artículo 20 de este documento que es su ley reglamentaria interna. Pero han preferido hacerlo mediante una decisión antidemocrática.
La purga política es antigua, pero se hizo famosa mundialmente después de que los comunistas tomaron el poder en Rusia, en 1917, y comenzaron a aplicarla según decían para depurar y fortalecer al partido. “El partido se fortalece depurándose”, había dicho el socialista alemán Ferdinand Lasalle en una carta a Carlos Marx. Y el ruso Vladímir Ilich Lenin le tomó la palabra: “El partido debe ser depurado de bribones, de los comunistas burocráticos, deshonestos o vacilantes…”, escribió Lenin en 1921. Más de 170 mil miembros del partido fueron expulsados y muchos de ellos encarcelados, desterrados y fusilados.
Tal fue el antecedente para las todavía mayores purgas en el partido y el Estado, impulsadas por Stalin, las que Nikita Jrushov denunció en 1956 en el histórico 20 Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.