Al momento de escribir este escrito, se contabilizan nueve precandidatos presidenciales, cinco de la Coalición Nacional, dos del partido Ciudadanos por la Libertad (CxL), una independiente, uno del partido regional Yatama y hasta la fecha uno del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). En esta ocasión quiero referirme al candidato ya oficial del partido regional Yatama, George Henríquez; confieso que no tenía mucho conocimiento sobre su personalidad y posicionamiento político ante la coyuntura en que se están desarrollando las hasta hoy hipotéticas elecciones nacionales, lo único que sabía de él, era que se estaba postulando con el único propósito de llamar la atención sobre esa olvidada región de nuestro país conocida como Costa Caribe. Pero el pasado 25 de marzo, tuve la oportunidad de verlo y escucharlo en un programa matutino de televisión y confieso que me impresionó su claridad sobre la actual coyuntura política y la forma en que abordó las críticas a su persona y a la organización que representa.
Lo aprecié como un político aterrizado, nada populista, muy consciente de su responsabilidad con su comunidad, así como de sus retos como aspirante presidencial. Para no quedarme en comentarios abstractos únicamente, voy a referirme específicamente a algunos de los temas que abordó, entre las preguntas que le hizo la periodista que lo entrevistó, le preguntó su opinión sobre las críticas de algunos y específicamente de la presidenta del partido CxL sobre la marcha y posterior reunión que había dirigido en Bilwi, con relación a que no había sido reprimida por la Policía Orteguista. Su respuesta fue simple, tanto la marcha como la posterior reunión sí fueron seguidas muy de cerca por la Policía, dijo; lo que pasa es que acá en la Costa Caribe nos hemos ganado el respeto de las autoridades, pues hemos sabido responder contundentemente cuando hemos sido asediados, algo que nadie puede poner en duda. Para no ahondar más en el comentario que se le atribuye a la presidenta de CxL, solo puedo añadir que ninguno de los miembros de la resistencia que no fuimos heridos en la guerra de los ochenta, no fue porque no nos dispararon, si tiene dudas que le pregunte a los comandantes Rubén, Johnson o Isaac, entre otros.
Otro tema que abordó fue el de los retos de los candidatos, al respecto Henríquez contestó que hay que dejar de ser populista y hablarle con la verdad al pueblo, comentó sobre las responsabilidades que conllevan los liderazgos, que estos exigen sacrificios, en ocasiones hasta el de exponer la propia vida, algo en lo que estoy totalmente de acuerdo. Habló de la unidad explicando que unirse no significa que, si alguien te cae mal, tenés que cambiar de opinión sobre esa persona, que el propósito o finalidad de la unidad es enfrentar en bloque los retos comunes, en lo que concuerdo completamente con él y sobre lo que escribí ampliamente en un artículo que titulé “Analizando la escurridiza unidad”. También expresó estar consciente de sus limitaciones económicas para dar a conocer más ampliamente su mensaje, pero considero que fue realista al decir que esas limitaciones desaparecerían si es electo candidato oficial de la Coalición Nacional. Otro aspecto que me gustó, y que habla muy bien de su persona, es cuando le preguntaron que si de perder las encuestas aceptaría ser vicepresidente. Sin vacilar contestó que sí, haciendo la salvedad que eso dependería del candidato que resultara más favorecido en las encuestas.
Para finalizar, vi y escuché a un hombre comprometido con su pueblo, consciente de los retos que enfrenta, pero por sobre todas las cosas con agallas. Como diría don Jaime Arellano, tiene lo que las gallinas ponen. Podrá tener limitaciones, no ser perfecto y para ser honesto, no creo que estemos preparados todavía para llevar a la presidencia a un candidato de la Costa Caribe, pero sí creo que sería un excelente vicepresidente para cualquier candidato opositor de verdad. A propósito de perfección y pureza, les recuerdo que el último que intentó cambiar al mundo con esos atributos hace dos mil veintiún años, lo crucificaron.
El autor es comentarista político.