Y además
En Teogonía, el relato de Hesíodo sobre el origen de los dioses y demás divinidades que sustentan la mitología clásica griega, Éter ocupa el quinto lugar de aparición.
Primero fue Caos, un estado de confusión y desorden universal absoluto. Después vino Gea (la Tierra), que Hesíodo describe como “la de vasto pecho, asiento siempre firme de todos los inmortales”. Le siguió Eros, “el más bello entre los inmortales dioses”. En cuarto lugar nacieron Érebo y Nicte (la Noche), y de Nicte, “Éter y su hermana Hémera nacieron”.
Hesíodo no entró en detalles acerca de la naturaleza y hechos de Éter, de esto se ocuparon autores posteriores. Entre ellos el mitólogo español José Antonio Pérez-Rioja, quien dice en su Diccionario de Símbolos y Mitos que Éter “es la personificación del cielo superior, donde la luz es más pura que la atmósfera o parte del cielo próxima a la tierra”.
Otros españoles estudiosos de la mitología: Constantino Falcón Martínez, Emilio Fernández Galeano y Raquel López Melero, dicen en una obra común que el autor latino Higino escribió en su libro Fábula que Éter es el padre de un “gran número de abstracciones, como Terror, Astucia, Pesar, Mentira, Venganza, Intemperancia, Ira, Juramento, Disputa, Pacto, Olvido, Temor, Orgullo, Batalla…”, entre otras.
Higino (Cayo Julio) era un esclavo ibero que fue liberado por el emperador Augusto en reconocimiento a su sabiduría, y puesto al frente de la Biblioteca Palatina de Roma. Higino escribió diversas obras de historia, ciencia, filosofía, literatura, religión, astronomía y astrología. Entre sus libros había uno sobre las familias troyanas y otro titulado Fábulas, en el cual desarrolló 277 relatos de mitología.
Sobre Éter, el francés Jean Francois Michel Nöel dice que Hesíodo da a entender en la Teogonía que “antes de la creación había noche, que la tierra era invisible a causa de la oscuridad que la cubría, pero que la luz, pasando a través de Éter, había iluminado el universo. Así, pues, la Noche y el Caos precedieron a la creación de los cielos y de la luz”.
En realidad, del mito de Éter —igual que prácticamente sobre todos los mitos— hay distintas versiones según los diversos autores que fueron interpretando a Hesíodo. Pero todos coinciden en que Éter era el dios de la luz original, de la primera luz que hubo en el universo.
En un momento no determinado Éter se unió sexualmente a su hermana, Hémera y esta alumbró a Talasa, diosa primordial del Océano.
A Éter se le rendía culto como protectora de los humanos ante las acechanzas de Tártaro, un dios siniestro que reinaba en las partes más profundas y oscuras del Hades, el reino del mundo de los muertos. Éter, con su sola presencia luminosa mantenía al oscuro Tártaro lejos de los mortales.
Sin embargo, a pesar de que Éter era adorado por su función protectora, no se conoce que se hubieran erigido templos para rendirle culto, pero no solo a él sino que a ninguno de los otros dioses primordiales. A pesar de eso, después de que desapareció la antigua cultura griega —y con ella su riqueza cultural de dioses, mitos, leyendas y creencias—, Éter no fue olvidado.
Se conoce que en la Edad Media personas que se dedicaban a la ciencia en aquella época oscura de la historia humana, sostenían que además de los cuatro elementos conocidos desde la época de los antiguos filósofos griegos (la tierra, el aire, el fuego y el agua) había un quinto elemento al que llamaron éter, en honor del dios de los antiguos griegos que tenía ese nombre.
Según aquellos investigadores medievales, el otro elemento al que llamaban “la quinta esencia” era el éter, una fuerza poderosa que llenaba los espacios entre todas las cosas existentes.
Al parecer nunca se comprobó científicamente la existencia del quinto elemento, pero el nombre de Éter fue perpetuado al dársele a “algo que es extremadamente fino, delicado, ligero y aireado, y casi demasiado perfecto para este mundo físico y humano en el que vivimos”. Más concretamente el diccionario de la RAE dice que el éter es —además de la esfera aparente que rodea a la tierra según la antigua creencia griega—, “un líquido transparente y volátil que se usa como medicina y anestésico, así como un “compuesto químico que resulta de la unión de dos moléculas de alcohol con pérdida de una molécula de agua”.