En Nicaragua hay un intenso debate político público, pero solo participa una minoría de personas como es usual en estos casos.
Además, gran parte del debate es negativo, para acusar a los dirigentes opositores por cualquier cosa, algunas veces hasta absurdas. Sin embargo, en términos generales es bueno y necesario que se critique a los políticos, aunque no se debería llegar al extremo de difamarlos y calumniarlos, como lo suelen hacer los fanáticos de la dictadura.
A los líderes de los dos bloques principales de la oposición se les señala que deberían concretar la unión opositora nacional, en vez de afanarse en la búsqueda de candidatos cuando ni siquiera se sabe si las elecciones de noviembre serán verdaderas o fraudulentas. Se dice que deben preocuparse por el regreso seguro de los exiliados, la libertad de los presos políticos y justicia y reparación a las víctimas de la represión. Inclusive, en algunos medios se pide a los opositores “que se pongan en los zapatos” de los pobres que sufren grandes necesidades, y que hagan algo efectivo por ayudarles a mejorar su situación.
Pero la verdad es que nada de eso está al alcance de la oposición, esos problemas solo se pueden resolver o aliviar desde el Gobierno y los líderes opositores apenas están luchando por abrir una vía para tomar el poder.
Es lógico que por ahora la oposición se ocupe en lo que realmente puede y debe hacer: organizarse, unirse, adoptar un programa de gobierno realista, escoger buenos candidatos presidenciales y para diputados, prepararse para que cuando se conozca la reforma electoral pueda tomar la mejor decisión posible. Aunque de antemano tendrían que estar claros de que abstenerse simplemente no sería una buena opción, pues significaría escoger la cómoda y estéril posición de no hacer nada.
Por otra parte, no solo la selección del candidato presidencial es importante. También lo es la de los candidatos a diputados, un oficio público que se ha desacreditado mucho y que es necesario devolverle su dignidad. Es parte de la recuperación de la democracia.
En su legítimo sentido los diputados son representantes del pueblo, elegidos por los ciudadanos para aprobar las leyes, controlar al Gobierno y asegurar un adecuado balance entre los poderes del Estado. De manera que es imperiosamente necesario seleccionar muy bien a los candidatos a diputados.
El diputado debe tener tan buenas cualidades personales y políticas como las del presidente o presidenta de la República. No es a cualquier persona que se debe nominar y elegir para diputado. Además de cumplir los requisitos constitucionales, los candidatos a diputados por parte de la oposición deben poseer y demostrar firmeza democrática, ser de reconocida moralidad personal y pública, no tener antecedentes delictivos ni de corrupción en cualquier forma, tener una visión global de la realidad del país, el compromiso de trabajar por la solución de los problemas de la gente y responder por todos los nicaragüenses, no solo por sus partidarios como hacen los diputados sandinistas.
Tal vez pedimos mucho, pero es necesario. Y los bloques opositores deben escoger y presentar pronto a sus candidatos a diputados, para comenzar a conocerlos y escudriñar sus trayectorias personales y políticas.