Chocolatito, el modelo Kübler-Ross y el valor de la trilogía

Román González debe poner la presión. O sea, debe negociar con Estrada. Son socios en este negocio y es el momento de duplicar las ganancias de su reciente pelea

Está claro que la derrota de Chocolatito ya ha sido procesada hacia adentro. En este negocio de perder un título en una pelea que todos vieron ganar, pero los jueces eligieron otra cosa, la reacción del damnificado se procesa de manera similar al modelo Kübler-Ross para definir las cinco etapas de una tragedia: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Román González debe estar transitando por esta última y seguramente en camino a tomar una decisión con su futuro. Y esa es la razón de esta columna. Entender ese futuro a partir de aquello que le conviene o no le conviene a Chocolatito.

Sabemos que la trilogía es parte natural de la agenda futura. Sabemos también que Chocolatito puede ir de inmediato a la misma, pero no es así en el caso de Juan Francisco «Gallo» Estrada. El mexicano tiene un compromiso con Srisaket Sor Rungvisai, por una pelea mandatoria. Pelea obligada que, debemos recordar, no sabemos de cuál ecuación nació dentro de ese confuso e indescifrable mundo de las decisiones ejecutivas del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). En el caso de Rungvisai, lo dijimos en su momento, tuvo más olor a «conejo sacado de la galera» que a una decisión justa y consensuada. Al CMB lo llevaba el diablo con la revancha Chocolatito-Estrada y el tailandés fue una estratégica piedra en el zapato.

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Cuando estaba todo listo para negociar la pelea, hubo que negociar con un rival implantado en el medio. Pero ahora las cosas son diferentes. Como lo dije en uno de mis últimos videos, el Gallo tiene al «toro tomado por los cuernos», puede exigir que esa tercera pelea con Rungvisai sea después de su trilogía con González o renunciar al cinturón CMB. Esta vez tiene el respaldo de otro cinturón, el AMB, el respaldo de DAZN y sobre todo el de Eddie Hearn. Todo pasa porque se atreva o no se atreva y en el peor de los casos, deba ceder por compromisos de su promotora (ZANFER) con el CMB. Con Rungvisai no existirán problemas. Él está ligado a Estrada por un tema económico. Con nadie más ganará más. En ese caso, hay que esperar hacia qué lado se rompe la cuerda. El punto pasa por Chocolatito, ¿qué pinta en esta historia?

En primer lugar, llegó el momento en que sea el propio Chocolatito quien ponga la presión. O sea, debe negociar con Estrada. Son socios en este negocio y es el momento de duplicar las ganancias de su reciente pelea. Como lo reconoció Hearn y como los respaldan, tanto los números como los elogios que llegaron de todo el planeta. Deben pelear ahora, como sea. Si no lo hacen, pueden perder el tren del dinero, se puede alejar la expectativa y hasta podría no darse esa pelea.

Y no es una utopía considerar que la presión de Chocolatito hace sentido. Román González en términos de atracción tiene un poder de convocatoria mayor al del Gallo y no le faltarán rivales rentables. El problema pasa por qué tipo de rivales serían rentables como alternativa a la trilogía. Y en ese punto, comienzan los posibles problemas. Una pelea con Kazuto Ioka, el campeón OMB, suena como el desafío natural y más atractivo. Pero también el más peligroso. Con el japonés, cuatro veces campeón en cuatro divisiones y que viene de vencer a Kosei Tanaka (nada menos), el resultado será tan incierto en lo previo como el de su pelea contra Estrada. Chocolatito puede ganar o puede perder. El boxeo es de momentos y sin certificado previo de lo que pasará luego de doce asaltos. Si pierde, la trilogía se aleja. Esa es una realidad irremediable. Si llega a una trilogía con Estrada cargando dos derrotas sobre sus espaldas, el dinero que le ofrecerá DAZN no será ni por asomo el que tiene a disposición ahora mismo para esa tercera pelea con el de Puerto Peñasco.

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Por ello, no parecen existir opciones. Pasada la depresión y aceptación de la derrota contra Estrada, llegó el momento de agregarle dos nuevas etapas al modelo Kubler-Ross: discusión y exigencia. Que Chocolatito no se duerma en los laureles y se ponga los guantes una vez más para exigir la trilogía. Ella vale más que los cinturones. O sea, los cinturones se venden hasta por Amazon y no se pueden guardar en las cuentas de los bancos. Y la trilogía sí termina sumando en esas cuentas. El chiste se cuenta solo, sin duda.

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