Sapoá para la paz y la democracia

Hoy se conmemora el 33 aniversario de la firma de los Acuerdos de Sapoá, negociados y pactados por la dictadura sandinista de los años 80 y la Resistencia Nicaragüense para poner fin a la guerra civil, que estaba causando una gran matanza y destruyendo al país. Era una guerra que ninguno de los dos bandos podía ganar, aunque en los discursos de ambas partes se dijera lo contrario.

Durante los días 21, 22 y 23 de marzo de 1988, los cabecillas de la dictadura sandinista que era sostenida económica y militarmente por la Unión Soviética, Cuba y demás Estados comunistas; y los jefes de la Contrarrevolución respaldados con dinero y armas por el Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.), se reunieron en la estratégica localidad de Sapoá, en el sur de Nicaragua y muy cerca de la frontera con Costa Rica, para firmar —sí o sí— un pacto de paz derivado directamente de los Acuerdos de Esquipulas suscritos por los presidentes centroamericanos.

A pesar de que sandinistas y contras se odiaban y estaban enfrentados a muerte, fueron a Sapoá para ceder y acordar la paz. Esto no ocurrió porque los jefes de ambos bandos armados se convirtieron de repente en ángeles pacíficos. Es que habían llegado a un punto en que ninguno podía derrotar militarmente al otro, no por falta de ganas sino porque sus padrinos externos decidieron no darles más armas ni dinero. Así que no les quedó más remedio que acogerse al razonable plan de paz, reconciliación y sobrevivencia que les ofrecieron los Acuerdos de Esquipulas.

Para entonces la Unión Soviética ya estaba enfrascada en los programas de la Perestroika y el Glasnost —reestructuración y transparencia—, impulsados por Mijaíl Gorbachov, quien quería reformar el comunismo y no tenía interés en continuar la Guerra Fría y seguir enfrentando a EE. UU., los que a su vez tampoco querían ya seguir alimentando la guerra de los contras.

Humberto Belli relata en su libro de historia de Nicaragua, que el entonces secretario general de la OEA, el diplomático brasileño Joao Baena Soares, fue el encargado de leer los Acuerdos de Sapoá, en los cuales de manera prominente se establecía que con la paz el gobierno sandinista garantizaría la “irrestricta libertad de expresión” y que “habría elecciones libres… Los contras, por su parte, aceptarían desarmarse y dejar de recibir ayuda militar de cualquier país”.

Por cierto que precisamente hoy, 23 de marzo de 2021, se cumple el 41 aniversario del inicio de la campaña sandinista de alfabetización, que fue montada para reducir el analfabetismo y al mismo tiempo adoctrinar masivamente a la población en la ideología sandinista y marxista-leninista. Cinco meses después, el 23 de agosto del mismo año, al regresar a Managua los alfabetizadores fueron recibidos en la Plaza de la Revolución por el general Humberto Ortega, quien declaró que “el poder no se rifa”, que el pueblo ya había votado el 19 de julio de 1979, y votó para siempre por el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Pero el viento de Sapoá se llevó aquellas palabras ominosas. Dos años después, en febrero de 1990, los sandinistas tuvieron que “rifar el poder”, hubo elecciones libres y las ganó la democracia representada por doña Violeta Barrios de Chamorro.

Editorial Humberto Belli Violeta Barrios de Chamorro archivo
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