Cinco mujeres nicaragüenses destacadas que debería conocer

Sus rostros y nombres quizá no son tan conocidos, pero cada una se ha destacado profesionalmente hasta lograr ser ejemplo y referencia en sus ámbitos

¿Qué tienen en común una ecóloga, una defensora de derechos humanos, una bióloga y un par de doctoras? Que cada una desde sus trincheras destacan para dejar huellas positivas en su profesión. Aportes a la medicina, reivindicación de los derechos de la mujer o conservación de la fauna, son parte de los resultados que han logrado estas mujeres nicaragüenses.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, compartimos algunos perfiles de ejemplo y perseverancia que no solo han aportado a su profesión, sino también a nivel de país.

«Ir al campo es un reto para nosotras»

Sandra Hernández Potosme  se describe como una «india pura» de Niquinohomo, Masaya, que está fascinada con su profesión de bióloga. No cambia por nada en el mundo su trabajo, aunque reconoce que es duro y cansado, porque le permite estudiar de cerca a su objetivo animal: el jaguar, el tercer felino más grande del mundo.

Hernández Potosme lleva más de 16 años de trayectoria y la dedicación que le ha puesto a su trabajo la ha llevado a ser parte de destacados organismos nacionales que protegen y conservan la fauna del país. Además de abrirle las puertas para que siga preparándose en su carrera, actualmente está formándose en Costa Rica.

Su trabajo no es muy conocido en el país, pasa desapercibido, sin embargo el aporte que brinda a la conservación de la fauna silvestre es muy valioso. Actualmente es la coordinadora en Nicaragua para una organización que tiene presencia en América Latina y que se dedica a la preservación de 40 especies de felinos.

«Es realmente fascinante cada rincón de nuestra bella Nicaragua. Falta mucho por hacer y muchas mujeres y hombres con visión de salvaguardar la biodiversidad en general. La naturaleza no tiene precio», reflexionó Hernández Potosme (en la imagen, abajo, de sombrero). LA PRENSA/CORTESÍA

Lejos de una oficina y un escritorio, las principales herramientas de Hernández Potosme cada vez que realiza una gira de campo —en la Costa Caribe Sur— son una cámara trampa, unas botas de hule y repelente. El objetivo de cada gira es capturar y monitorear el hábitat del jaguar para luego analizar y revelar los resultados de este estudio. Esto ha ayudado a crear conciencia en los pueblos indígenas sobre el tema y a tomar acciones para la conservación del jaguar.

«Esta información es para la zona, ahorita está por salir un documento técnico de las especies que se encontraron, que es para que las comunidades puedan entender la importancia de cada una de esas especies y su conservación, que es valiosísima», dice Hernández Potosme.

«No andás maquillada ni nada, con costo bloqueador y repelente (…) Ir al campo es un reto para nosotras, pero sí es muy lindo y no tiene precio todas esas cosas que se aprecian en el campo, solo el hecho de viajar es maravilloso», expresa entusiasmada la bióloga, quien señala que ser mujer no la inhibido para compartir las mismas condiciones con sus colegas; dormir a la intemperie y cocinar en piedras.

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La primera ecóloga de su comunidad

Las condiciones de pobreza en que creció Salvadora Morales y los antecedentes de que en su familia no había una persona que hubiera estudiado en la universidad, la impulsaron a proponerse esa meta. Aunque su primer deseo fue estudiar Relaciones Internacionales, haber crecido en Puerto Cabezas, en medio del mar, ríos y montañas, influyó en que decidiera estudiar Ecología.

Con 46 años de edad, de los cuales 22 ha dedicado a su profesión, Morales se siente apasionada por cuidar el medioambiente. Durante su carrera ha colaborado para organismos nacionales e internacionales. Uno de sus logros fue impulsar el proceso de la Reserva de Biósfera en la Isla de Ometepe, además de la satisfacción que le deja cada vez que hace conciencia sobre los derechos territoriales y protección de bosques en las comunidades indígenas.

Actualmente trabaja en una red hemisférica —donde están 17 países— de reserva para aves playeras. Centroamérica tiene unas 50 especies de aves documentadas, en el país se estudia el recorrido de estos pájaros en el norte y que luego migran hacia el sur.

«En ese proceso de migración van parándose en sitios estratégicos, la red está para promover acciones de conservación y manejo, y de desarrollo sostenible para que estas especies puedan sobrevivir. Hay una tendencia que cada vez va declinando fuertemente su población», explica Morales sobre su trabajo.

Con una cámara, la ecóloga Salvadora Morales documenta la migración de unas 50 aves. En la imagen, ella se encuentra en la isla Juan Venado. LA PRENSA/CORTESÍA

Morales trabaja en acciones conjuntas con un equipo de Honduras y El Salvador, para que esa declinación poblacional de las aves no aumente y no llegue el peligro de extinción de las especies. Un trabajo que si bien no es de carácter público, sus resultados son significativos para el medioambiente.

«Me enamoré de la carrera (…) Es importante creer en uno mismo, en las capacidades que tenemos, yo creo que tenemos un poder oculto y hay que aprovecharlo», anima Morales.

«Tenemos que visibilizar la voz de la mujer»

Nancy Elizabeth Henríquez, de 57 años, es una abogada y lideresa de los pueblos indígenas de la Moskitia que ha dejado huella en la Costa Caribe Norte de Nicaragua. La presidenta del partido indígena Yapti Tasba Aslatankanka Masraka (Yatama), dice sentirse orgullosa porque su lucha, no solo por las comunidades sino por el respeto y reivindicación de los derechos de la mujer, ha cosechado frutos.

Desde los 11 años, cuenta Henríquez, mostró sus cualidades de defensora de derechos humanos y desde entonces se ha empeñado en animar y capacitar a las mujeres a trabajar por sus metas y romper las barreras del machismo en las comunidades indígenas.

«Mi visión es que nosotras vayamos rompiendo esas barreras, las mujeres no debemos pensar que no tenemos capacidad, el género no nos hace diferentes y tenemos igual derechos (que los hombres). Tenemos que luchar y visibilizar la voz de la mujer», alienta Henríquez.

Henríquez (centro) trabaja con las comunidades de la Costa Caribe Norte y desde el partido Yatama capacitan a las mujeres sobre sus derechos como ciudadana. LA PRENSA/CORTESÍA

Fue la primera mujer indígena electa como alcaldesa de Puerto Cabezas, en 2004, pero desde 1991  Henríquez venía involucrándose en espacios internacionales y en ese año colaboró con organizaciones a nivel centroamericano para formar un enlace de mujeres de la región. En 1994 fue miembro del consejo regional indígena, además, durante su trayectoria también ha sido coordinadora del Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (Ecmia), donde actualmente sigue siendo miembro activa y fundadora.

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«Siento que he logrado que en las comunidades haya mujeres juristas que están en coordinación con los hombres. Hay mujeres en la toma de decisiones y que están dirigiendo comunidades. Ahora las mujeres ya no es como la década de los setenta y ochenta, ahora las mujeres reconocen que pueden dirigir a su pueblo», comenta Henríquez.

«La clave es disfrutar tu profesión»

La presidenta de la Asociación Nicaragüense de Neumología (Anine), Taki Moreno, dice disfrutar a plenitud su profesión. Como pediatra neumóloga, ella goza aprender de la inocencia y fortaleza de los niños, sobre todo en el contexto de la pandemia donde ha estado inmersa y dando seguimiento a la situación del país desde Anine, asociación que lidera junto a sus colegas.

Formada en el Instituto Nacional de Neumología, en México, la satisfacción de la doctora ha sido presentar un estudio sobre los valores de referencia de las presiones pulmonares en niños. Desde Anine, presidida por mujeres, promueve la salud respiratoria y la lucha contra el consumo de tabaco.

La doctora Taki Moreno es presidenta de la Asociación Nicaragüense de Neumología. LA PRENSA/CORTESÍA

«Disfruto lo que hago. Me gusta el contacto con niños, son inocencia y fortaleza pura. No hay más satisfacción que aportar a su salud y ser parte de sus vidas. La clave es disfrutar tu profesión. Cuando te gusta algo tomás lo que venga como parte del proceso que te lleva a tu objetivo final», aconseja la doctora Moreno.

Para ella su profesión es una labor rigurosa pero amorosa, que «requiere no solo de estudio y conocimiento sino también de mucha intuición» que involucra el bienestar de toda la familia.

«La responsabilidad de la mujer el hombre no puede obviarla»

La doctora Gelia Barillas rompió estereotipos en la carrera de medicina: fue la primera mujer en el país que se especializó en urología, un campo que hasta 1990 solo era ocupado por hombres. Pero llegar hasta donde actualmente está le costó humillaciones, presión y sacrificio.

«Fue muy difícil, tuve piedras en el camino como usted no tiene idea», recuerda la doctora, quien señala que tocó tres «puertas de renombres» antes de que pudieran aceptarla dentro de la especialidad. Sin embargo, una vez admitida, sus superiores trataron de que desistiera de su objetivo.

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«Había celo profesional y era una manera de hacer que yo me corriera de la especialidad», afirma la doctora. Pero ni los desvelos ni criar sola a su hijo fueron un obstáculo para concluir la especialización. «Yo tenía que lavar, que planchar, buscar comida para toda la semana, estudiar, cuidar de mi hijo (…) pero entre más presionaba, más estudiaba», comenta.

Pero su determinación y pasión por la especialidad llegaron a convencer a la junta de Urología, quienes terminaron reconociendo la capacidad y entrega que caracteriza a la doctora Barillas.

«En la medida que yo me di a conocer con ellos, empezaron las responsabilidades. Las mujeres somos muy responsables, la responsabilidad de la mujer el hombre no puede obviarla, porque nosotras podemos ser muchas cosas, ser madre, hija, esposa, ser de todo, cocinera, lavandera y siempre cumplimos con nuestro trabajo y eso es el sacrificio», manifiesta la doctora, quien también es abogada.

La uróloga Gelia Barillas, de Matagalpa, lleva más de 30 años ejerciendo la especialidad. LA PRENSA/CORTESÍA

Pero pese a todos los inconvenientes y sacrificios que vivió para alcanzar la especialidad de Urología, la doctora Barillas puede decir orgullosamente que valió la pena, sobre todo porque abrió la brecha a las demás colegas que también optan por esta especialización.

«Ahorita estoy feliz porque yo les abrí camino a muchas mujeres que me siguieron después en la especialidad, esa es la felicidad más grande que tengo porque yo tuve que romper ese mito de que la especialidad solo era de hombres (…) Por el mismo desconocimiento de lo que es la rama creen que la Urología solo tiene que ver con pene y próstata, pero es ver cáncer de riñones, de vejiga, de uréter, es una especialidad amplísima», aclara.

Feministas y defensoras de derechos humanos han manifestado que aunque las mujeres mantienen una lucha histórica por el respeto y reivindicación de sus derechos, aún hay grandes brechas para que se alcance la igualdad de género en ambientes profesionales y además la equidad salarial que se demanda por las mismas tareas y el reconocimiento de logros cumplidos.

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