SOLO PARA SUSCRIPTORES.
Era difícil no sentir afecto por Apolinar Cruz. Siempre tan cercano a los fanáticos y a los periodistas, pero en realidad era distante y distinto. Hacía que usted sintiera que eran su amigo de muchos años por su amabilidad, pero su talento como pelotero lo situaba varios peldaños arriba.
Antes de verlo atacando lanzadores y revestido siempre de esa humildad innata, a Apolinar lo conocí a través de la ventana de un autobús Nissan Civilian, en el que se transportaba como pasajero desde su Palacagüina natal hasta Managua, para jugar con los Industriales de la Coip.
Alguien de mis amigos de infancia descubrió que Polín pasaba todos los lunes a determinada hora por la calle principal de Condega en el bus y cada vez que podíamos, íbamos a verlo para decirle adiós, porque siempre nos respondía con una espontánea sonrisa en el rostro.
Desde entonces me creí su amigo, aunque él no me conocía. Sin embargo, fue tan amable en mis inicios como periodista, que siempre tuvo mi consideración y respeto como jugador, pero sobre todo mi admiración como persona de bien, amable y servicial, dispuesto a ayudar siempre.
Y llegamos a ser tan amigos que cuando lo exaltaron al Salón de la Fama del Deporte Nacional en 2016 y le consultaron qué amigos él deseaba que lo acompañaran en la ceremonia, dijo: el doctor Humberto Doña y Edgard Rodríguez. Para mí fue todo un honor.
En realidad, amigos fue lo que más le sobraron a Apolinar porque él era amigo. A Polín jamás se le vio en un conflicto con sus equipos, sus mánager o los jueces y mucho menos los cronistas deportivos. Hablaba lo necesario y siempre con mucho respeto. Un caballero.
De paso, Cruz fue un potente bateador que acumuló .283 en su carrera de 21 años, con 156 jonrones, 120 robos y 1,202 hits. De hecho, fue el primer nica con 100-100 y 1,000 en jonrones, robos y hits en la historia del beisbol nacional en 1988, año en el que pegó 20 jonrones con el Bóer.
Su mejor época la vivió en el Cinco Estrellas entre 1976 y 1979 cuando resumió .304, .320, .330 y .343 en años consecutivos. En 1979 disparó 19 jonrones e iba como líder en remolques con 65 cuando se dio la guerra. Y después brilló con los Industriales en los ochenta, antes de pasar al Bóer en 1986.
En los Indios fue el cuarto bate y jardinero central. Formó junto a Nemesio Porras una mancuerna ofensiva temible y en cierto modo se dio entre ellos un relevo generacional en cuanto a popularidad en la tribu.
A Polín se le va a extrañar por su notable carrera y sobre todo por su don de gentes. Siempre fue cercano a todos, pero con su labor era en realidad distante. El más famoso personaje de Palacagüina, después del Cristo de Carlos Mejía Godoy.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
SOLO PARA SUSCRIPTORES.