La Universidad Libre de Nicaragua

Posiblemente sea yo la única sobreviviente que pueda dar fe de la existencia de la Universidad Libre de Nicaragua. Tanto fundadores como profesores y alumnos están ya fallecidos. Sin embargo, no es su existencia un invento mío, una creación de mi imaginación.

La Universidad nació en junio o julio de 1946 cuando Anastasio Somoza García, el dictador de turno, suprimió de una sola plumada la Universidad Central de Managua. Ya había matado a la Universidad de Oriente de Granada.

En los años 40 del siglo pasado funcionaban en Nicaragua tres universidades públicas: la centenaria de León, la vieja de Oriente y otra más reciente, la Central de Managua, la cual fungía en una casa de dos pisos pintada de rojo con detalles dorados, frente a una librería muy conocida, en esa misma casa estaba la Escuela de Ingeniería.

Desde los años 44 y 45 se habían producido fuertes protestas, contra la dictadura, de los universitarios de los tres centros de estudios. Claro que sofocados violentamente por la Guardia Nacional, al servicio de Somoza y que operaba como policía. De modo que sucesivamente Somoza cerró primero la de Oriente y luego la de Managua. Esta última la tenía cerca y le producía más enojos y molestias sobre todo en un año preelectoral.

Los partidos Conservador, jefeado por el general Emiliano Chamorro, quien había regresado de exilio, habiendo despertado un gran fervor en el conservatismo, y Liberal Independiente (PLI) recién fundado y que reunía al liberalismo separado de Somoza, ambos con muchísimos jóvenes en sus respectivas filas, aliados contra el dictador y de común acuerdo designaron al doctor Enoc Aguado, liberal, como candidato opositor a la presidencia para las elecciones que efectuarían el 2 de febrero de 1947.

Cuando ocurrió el cierre de la Universidad Central de Managua, apenas iniciado el curso, los 400 estudiantes universitarios nos quedamos al garete. Los jóvenes de familias pudientes ingresaron a la única universidad existente, la de León. Los ricos fueron enviados al extranjero, México o España. Los otros, éramos la mayoría, nos quedábamos sin estudio.

Así las cosas, los dirigentes de ambos partidos opositores liberales y conservadores crearon en poquísimo tiempo y con esfuerzo y fondos propios la Universidad Libre de Nicaragua, cuyo asiento fue la casa que había ocupado la Escuela de Enfermería, frente al Correo de Managua.

Nombraron como rector al doctor Salvador Mendieta, el gran unionista de Centroamérica. El profesorado estaba integrado por los mismos dirigentes políticos, cada uno según su profesión. Todas las facultades fueron abiertas, las cuales en aquel tiempo eran tres: Medicina, Derecho y Farmacia. Se abrió la universidad con la matrícula ya existente en la muerta Universidad Central.

Recuerdo con admiración y respeto a los profesores de primer año de Derecho: doctores Enoc Aguado, Alejo Icaza Icaza, Emilio Álvarez Lejarza, José Antonio Cerna y Rosendo Argüello.

Algunos profesores impartían clases en su propia casa por conveniencia de ellos y de los que trabajamos para sufragar nuestros gastos personales.

El gobierno no tuvo más alternativa que aceptar como legítima la creación de los partidos, prueba de lo cual es que años más tarde cuando quise continuar mis estudios de Derecho en 1967, iniciados en la Universidad Libre, pude matricularme para 2º año en la ya recreada Universidad de Managua, solo presentando mi título de bachiller y el comprobante de haber cursado y aprobado el primer año en aquella universidad.

No obstante, el fraude montado por la dictadura en las elecciones de febrero de 1947 asignó la Presidencia de la República al candidato de Somoza, doctor Leonardo Argüello, derrocado por el mismo Somoza a los 26 días de iniciado su mandato y al cual increpó así: (según testigos presenciales) “Sos un ingrato… (Aquí algo irrepetible). Yo te hice presidente y me traicionaste. Los votos que ganaste no llegaban a 10,000”).

El doctor Aguado había ganado la presidencia de manera palpable. El pueblo votó arrasadoramente por él.

Esto que narro y que es solo la verdad prueba que la unión de la oposición es determinante para ganar una elección.

La Universidad Libre sobrevivió un año más. Es decir, solo tuvo dos años de vida. Me decían los antiguos compañeros de estudios, ya mayores todos, que la Libre como la llamábamos, no terminó por falta de organización ni de personal docente, sino por falta de alumnos. Unos abandonaron los estudios, otros se marcharon al extranjero. El doctor Humberto Mendoza, no hace tanto fallecido, que estudió y terminó su doctorado en España, que fue así lo afirmó según su veraz testimonio.

La autora es profesora retirada.

Opinión Anastasio Somoza García Emiliano Chamorro archivo
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