En los meses precedentes a la elección en los Estados Unidos (EE. UU.), la imagen del contraste proyectada por la televisión entre las manifestaciones de Trump y Biden eran impactantes en su diferencia. Por un lado, la multitud de gente en las de Trump y las escuálidas cantidades que se veían en las de Biden, daban la impresión que solo uno de ellos estaba corriendo por la presidencia.
La televisión enseñaba solo las manifestaciones, no aparecían las caravanas de vehículos y botes que se daban en múltiples lugares y fechas en apoyo a Trump, las cuales eran impresionantes. El entusiasmo hacia Trump era notable y la escasez hacia Biden era aún más apreciable.
En los meses anteriores a la elección, Trump organizó manifestaciones casi a diario y a veces más de una al día en muchos estados. Yo atendí la manifestación que Trump celebró en Sandford, Florida. Yo vi el gentío que asistió al evento, cantidad casi imposible de cuantificar. El mar de gente que ya estaba cuando llegué (dos horas antes de su comienzo), el río de gente que continuaba entrando cerca del lugar donde yo me situé, y la muchedumbre en camino hacia la entrada cuando yo salía del evento (salí veinte minutos después del comienzo por el temor al Covid-19), daba la impresión que Trump tenía ganada la batalla.
Biden, en cambio, a duras penas se dejaba a ver, y cuando se veía era frente un número de personas que casi se podía contar con los dedos de las manos. Aludían que la escasez de manifestantes se debía a las limitaciones que imponía la protección contra el virus. Pero viendo el entusiasmo hacia Trump, hubiera sido difícil contener a su gente que pretendía atender a un evento en su apoyo no importa qué limitaciones contra el virus se hubieran impuesto.
La noche en la fecha de la elección estuve observando virtualmente con un grupo de amigos los resultados de los comicios hasta las 12:20 de la madrugada. En épocas normales los resultados finales hubieran sido conocidos a esa altura de la noche, pero quedaban seis estados los cuales a última instancia habían implementado votaciones por correo y sus resultados finales no se habían producido. Sin embargo, en estos seis estados el margen de votos a favor de Trump a esa hora era tan grande que la posibilidad de un triunfo de Biden parecía muy difícil, aun cuando Trump perdiera dos de esos seis estados.
Me fui a acostar pensando que Trump sería el triunfador de la contienda presidencial. Al despertar la mañana siguiente cuál fue mi sorpresa que los números estaban siendo revertidos a favor de Biden. Al fin de cuentas, Biden ganó en esos seis estados, llegando a ser presidente de EE. UU.
Como pueden ver, mi impresión junto con la de millones de ciudadanos de EE. UU. es que los resultados de esa elección fue una anomalía. Esto es aún más notable cuando supimos que en ciertos periodos de la madrugada del noviembre 4 del 2020 los resultados de la votación fueron 100 por ciento a favor de Biden, y 0 por ciento para Trump. Hubo más votos que votantes, más boletas recibidas que enviadas, y tantas irregularidades que se hace difícil enumerarlas en esta corta publicación.
Esta es mi impresión sobre los resultados de los últimos comicios en EE. UU.
El autor es ingeniero.