El organismo no gubernamental Amnistía Internacional (AI), presentó el lunes de esta semana un informe actualizado sobre las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua, que su directora para las Américas, Erika Guevara Rosas, calificó de gravísimas.
El informe de AI titulado “Silencio a cualquier costo. Tácticas del Estado para profundizar la represión en Nicaragua”, describe los muchos y diversos métodos represivos de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que van desde las “campañas de desprestigio y estigmatización” hasta las “agresiones a periodistas”.
Entre otras formas de represión, el informe de AI menciona: hostigamientos a activistas opositores y defensores de los derechos humanos, intimidación y ataques físicos, detención arbitraria, cargos por motivación política con acusaciones falsas, falta de oportunidades de defensa de las víctimas, malos tratos y hostigamiento en las prisiones, falta de condiciones en las cárceles, amenaza de posible encarcelamiento, acoso a excarcelados y sus familias, recapturas (“pisa y corre”), etc.
Al extenso muestrario de modalidades de represión individual y colectiva que ejecuta el régimen de Ortega y Murillo, hay que agregar las confiscaciones de propiedades, destrucción incluso material de medios de comunicación, exterminio de organizaciones de la sociedad civil y leyes de proscripción política y contra la empresa privada, incluyendo al sector financiero.
En la infografía que en la edición de papel de LA PRENSA acompaña a la nota periodística sobre el informe de Amnistía Internacional, aparece como primera de las numerosas y diversas tácticas de represión de la dictadura el desprestigio y estigmatización de las personas, en particular las que se destacan como activistas y líderes de oposición política y social, y aquellas a las que los dictadores ven como amenaza potencial para su permanencia en el poder.
El caso más relevante de la difamación calumniosa practicada por la dictadura de Ortega y Murillo, es el de Cristiana Chamorro Barrios y su familia, desatada desde que se le comenzó a mencionar como eventual candidata presidencial de la oposición democrática unida. Pero no es el único. Muchas otras personas, inclusive religiosos consagrados como es el caso de los obispos y sacerdotes de la Iglesia católica, son o han sido víctimas de la artillería difamatoria del régimen.
La difamación es una de las prácticas favoritas más extendidas y sistemáticas de las dictaduras de carácter totalitario —nacional socialista, fascista, estalinista o castrista—, como es la de Nicaragua. “El asesinato de reputación es un proceso deliberado y constante, destinado a destruir la credibilidad y la reputación de una persona, institución, grupo social o nación… tiene la finalidad de anular la capacidad de influencia de la víctima, silenciar su voz y lograr que la sociedad la rechace”, dice el autor cubano Juan Antonio Blanco en su obra El asesinato de la reputación.
Pero no siempre lo logran, sobre todo cuando la honorabilidad de las personas difamadas es tan sólida que los tiranos carentes de honor no la pueden destruir.