De Ripley, si Ortega se vuelve a reelegir

Créanme, pasé bastante tiempo pensando en cómo titular este artículo, siento decirlo, pero el pragmatismo que siempre trato de imprimir en mis artículos se impuso. ¿Por qué de Ripley? Sencillamente porque me parece increíble que sean varias las personas con experiencia en materia de elecciones, que nos están recomendando salir a votar aun sin las condiciones que nos garanticen la legitimidad de las mismas. En otras palabras, nos están pidiendo que repitamos el mismo patrón que hemos seguido en las últimas tres o cuatro elecciones. Creo que fue Albert Einstein el que dijo: “El que trata de conseguir un resultado distinto, haciendo siempre lo mismo, jamás lo logrará”.

Ahora, por qué la frase “si Ortega se vuelve a reelegir”. Aunque no creo que haga falta explicarlo, lo voy a hacer. Si vamos nuevamente a las elecciones el 7 de noviembre próximo con los mismos magistrados corruptos del Consejo Supremo Electoral (CSE), sin depuración del padrón, sin una observación electoral creíble, sin la restitución plena de nuestras garantías ciudadanas y para colmo con los candidatos “opositores” que al régimen se le antoje permitirles participar, hay que estar loco, ser imbécil o algo peor, ser topo del régimen haciéndonos creer que esta vez el resultado será diferente.

Si les parecieron un poco fuertes las frases anteriores, les aseguro que no son ni la mitad de fuertes de lo que me hubiese gustado escribir. Pero la verdad es que me frustro, viendo cómo nuevamente comenzamos a caminar un camino ya andado más de una vez. Olvidando que las veces anteriores resultó infructuoso por la complacencia de unos, la complicidad de otros y las ansias de libertad de la mayoría. Para reafirmar lo anterior, les recuerdo las elecciones municipales del 2012, en esa ocasión corrió como candidato a alcalde de Ciudad Darío, Edgard Matamoros. Con boletas en mano demostró su triunfo sobre el candidato orteguista, pero con el mayor descaro el CSE invirtió los números despojándolo de su triunfo. Ante semejante robo el pueblo dariense entero se alzó en protesta siendo masacrado por la Policía, el resultado fue dos muertos, decenas de heridos y otra cantidad igual de encarcelados. Es la única vez en la historia de Nicaragua que un líder político municipal se rebela no aceptando ningún cargo y que a su vez es imitado por sus catorce concejales que salieron electos en su misma boleta. He hecho este relato para hacerlos comprender que una vez que participaste y te robaron, como dicen en el campo, solo te queda el derecho al berrido, pero de poco o nada sirven los lamentos.

Razón por la que es altamente sospechoso, por no decir otra cosa, que existan políticos y politólogos queriéndonos convencer de que jugar bajo protesta sea la mejor opción. Mientras tanto solo me resta pronosticarles que la ansiada unidad continuará evadiéndonos, pues son muchos los intereses que se están jugando para evitarla. Ya no sé de qué forma expresarlo o escribirlo, pero la única forma de lograr desenmascarar a los colaboracionistas de siempre es firmando un decálogo de compromisos mínimos requeridos para aceptar participar en las próximas elecciones. El que no lo firme es el cómplice, así de sencillo. Pero no solo se trata de no participar, el secreto es denunciar ante el mundo el fraude electoral desde el inicio mismo del proceso y solicitar su desconocimiento a la comunidad internacional, algo que nunca se ha hecho.

Si en esta ocasión no aprovechamos el respaldo que tenemos, estaremos condenando a nuestros hijos a una vida sin futuro. Nunca ni en los mejores tiempos de la Resistencia Nicaragüense tuvimos el apoyo internacional a la causa de la democracia como el que tenemos en este momento. Finalizo recordándoles las palabras del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA): “participar en un proceso electoral corrupto, te convierte en cómplice de la corrupción”.

El autor es comentarista político.

Opinión
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