Dos iniciativas ciudadanas que deberían tener el respaldo unánime de la oposición, han dejado al descubierto lo que a simple vista pareciera una intransigencia o exceso de celo político de la recién estrenada Alianza Ciudadana (AC), conformada por la Alianza Cívica, el partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) y un grupo de jóvenes afines a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD). Me refiero a la campaña iniciada por el Grupo Pro Reformas Electorales (GPRE) y la noble cruzada iniciada por don Fabio Gadea y el doctor Carlos Tünnermann. La primera es una iniciativa cuyo único propósito es presionar para generar las condiciones para realizar la transformación en el proceso electoral que la comunidad internacional y nuestro pueblo vienen demandando desde hace tiempo, y la segunda es una cruzada unionista de dos personajes con influencia en nuestra vida nacional, cuyo propósito es acercar a las diferentes fuerzas opositoras para lograr esa gran unidad que garantizaría el triunfo de la democracia. Por ello, es que la negativa de esa alianza de nuevo cuño, de apoyar ambos esfuerzos ha desconcertado al pueblo que nos viene demandando dos únicas cosas: Unidad de la oposición y elecciones legítimas en donde nuestro voto se cuente.
Sin más preámbulos paso a explicarles qué es y qué pretende el zancudismo científico, y porqué se han inventado una justificación que ellos denominan como “análisis científico de la mejor opción para la estabilidad social y política de Nicaragua” planeado y llevado a cabo por poderosos grupos financieros nacionales, interesados en mantener su status quo. Esta nueva forma de zancudismo “científico” fundamenta su posición en teorías económicas para justificar su retorno al maridaje que sostuvieron durante los últimos once años, maridaje que les permitió un crecimiento económico a ellos y relativa paz social al gobierno, pero que nos tiene en las condiciones calamitosas actuales. Estos grupos económicos se apoyan en un estudio social y económico realizado por un profesor muy conocido contratado por ellos mismos, el que concluyó que a la economía nacional no le conviene un cambio de gobierno en las elecciones de noviembre próximo. Esa es la razón por la que recientemente hemos visto incongruencias como la de me separo de aquí, para buscar la unidad allá.
El burdo argumento que esgrimen es que el régimen tiene un poder económico y político tan fuerte, que no puede de ninguna manera ser desmantelado sin el consecuente desplome de la economía y que Daniel Ortega de todas formas mantendría el control total de los poderes del Estado y su influencia en la Policía y el Ejército, por lo que terminaría desestabilizando al nuevo gobierno, haciéndole imposible gobernar a como lo ha hecho con los gobiernos anteriores. En pocas palabras, el país se vería sometido a una crisis tan profunda que terminaría afectando sus negocios. Razón por la que es indispensable, según ellos, que el régimen continúe en el poder. Para lograr ese objetivo, se inventaron una alianza en la que no solo están representados, sino que controlan totalmente. En reciprocidad, el régimen les asignará un número de diputados suficientes que les garanticen a ambos su estabilidad, la de los suyos y, por supuesto, de sus capitales.
Si lo que he expuesto les ha parecido inverosímil, debo confesarles que a mí también me resultó difícil digerir. Pero me fue expuesto con lujo de detalles por un profesional responsable que me merece respeto y confianza.
Pero si continúan resistiéndose a creerlo, les pido que analicen detenidamente las actitudes de quienes, sin razón aparente, continúan poniendo obstáculos a la unidad que nuestro pueblo nos está demandando. En un artículo anterior, lancé una pregunta para que pensaran por un momento hasta dónde creen ustedes que sería capaz de llegar el régimen, para proteger un botín calculado en 12 mil millones de dólares. Hoy les repito la pregunta, solo que con la salvedad que ya la cifra cambió, pues ahora hay que sumarle el capital de los zancudos científicos.
El autor es comentarista político.