Una vez más la decepción y la impotencia invaden a los pueblos mayangnas por el desinterés y la inoperancia que muestran las autoridades locales para resolver el problema de la invasión de colonos en su territorio. Pese a una reunión que sostuvieron con miembros del Ejército y la Policía, el pasado sábado 23 de enero, donde exigieron el saneamiento y vigilancia de las tierras, a los comunitarios les toca seguir viviendo bajo la sombra del miedo.
El viernes 22 de enero de 2021 la comunidad Wilu, ubicada en la zona núcleo de la Reserva de Biosfera Bosawas, sufrió un nuevo ataque por parte de colonos, del que resultaron tres personas heridas con armas de fuego. Aunque las víctimas están fuera de peligro y recuperándose en sus casas, la comunidad se mantiene vigilante debido a que han recibido noticias de que más colonos se quieren adueñar de las tierras, sostuvieron dos comunitarios que por seguridad omitieron sus nombres.
Cinco días después que los comunitarios realizaron una asamblea con las autoridades correspondientes, estas no han regresado por la zona. «Ya hemos hecho bastante denuncias cada vez que pasa un ataque (…) Hemos agarrado colonos que han entrado (a sus tierras) y lo hemos entregado al Ejército o Policía y a los tres días ya les dan su libertad. No hay credibilidad que digan que lo van a condenar porque entran a territorio privado, solo llegan a la comunidad, hacen una reunión y ahí nomás se regresan, pero no hacen patrullaje», expresó el joven comunitario.
La otra fuente agregó que si bien las autoridades llegaron para participar de la asamblea el sábado 23 de enero, se negaron ir hasta donde ocurrió el ataque de los colonos.
LA PRENSA dirigió la consulta formal al Ejército de Nicaragua —a través de su jefe de Relaciones Públicas y Exteriores, coronel Álvaro Rivas Castillo— sobre la reunión que mencionan los comunitarios y sobre la situación en la comunidad indígena donde claman su resguardo, pero a cinco días de la consulta (28 de enero) no obtuvimos respuesta.
Altos niveles de inseguridad

La situación que viven desde hace años los pueblos indígenas ha hecho que poco a poco el estilo de vida de las familias cambie, compartió el comunitario. «Nos ha tocado difícil a nosotros, antes vivíamos tranquilos, teníamos para sustraer dinero y comprar lo que es necesario para comer, teníamos parte del territorio donde habían puntos de oro, llegaban los comunitarios y trabajaban, y de ahí llevaban el pan de cada día, pero desde que comenzaron a entrar los colonos es difícil andar saliendo largo a buscar algo porque todas las comunidades ya no son seguras, ya no salís tranquilo a tu parcela», relató el comunitario.
Cada ataque que sufren las comunidades indígenas es solo el clímax de violencia, pero las familias conviven a diario con el peligro. El 22 de enero, cuando un grupo de mayangnas decidieron ir, con temor, a «platicar» con los colonos y conocer quién les dio autorización para hacer carriles y establecerse en territorio privado, fueron recibidos a balazos.
«Esa idea llevaron los comunitarios, pero al llegar al punto los colonos fueron los que atacaron a los comunitarios, así salieron heridos los tres comunitarios y no pudieron dialogar porque que te estén tirando balas, no podés ni entrar», manifestó el joven comunitario.
«Lo que nos interesaba saber como mayangnas era quién les había vendido o por qué entraron sin permiso», agregó la misma fuente, quien señaló que en ese momento más de 40 colonos se apoderaron de esas tierras.
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Los pueblos indígenas son los principales cuidadores de estas tierras, y pese a que es su principal sustento, su cultura es sobre todo protegerlas para luego aprovecharlas para su subsistencia. «Nosotros solo aprovechamos una vez la tierra y luego de eso dejamos que crezca, nosotros no hacemos potreros ni todo eso que están destruyendo el territorio», explicó.
Este sería el primer ataque que se conoce en territorio indígenas en el inicio de este año. En 2020 se registraron al menos 13 asesinatos de indígenas por parte de colonos, especialmente contra miembros de pueblos indígenas mayangnas, según el Centro de Asistencia Legal a los Pueblos Indígenas (Calpi).