Un hombre de honor

El honor es la “cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”. También el honor es la “gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea”.

Así define el honor el Diccionario de la Lengua Española y así era el jurista y político conservador democrático, Hernaldo Zúñiga Montenegro, fallecido el martes 26 de enero de 2021 en su ciudad natal, Masaya, a los 95 años de edad que recién había cumplido.

La trayectoria de Hernaldo Zúñiga Montenegro, personal, política y jurídica fue de primera magnitud, realmente ejemplar.

Para comenzar, fue un entrañable amigo de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, su compañero de lucha por la libertad y la democracia y su defensor legal en por lo menos tres de los muchos juicios que la dictadura somocista montó contra el histórico director de LA PRENSA y Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua.

Como político, Hernaldo Zúñiga Montenegro fue un militante muy destacado del conservatismo. Pero del bueno, no del conservatismo zancudo ni del reaccionario que se opone al progreso, que defiende acérrimamente el statu quo político atrasado e injusto. Él era un conservador progresista, incansable luchador por la libertad, la democracia, el Estado de derecho, la separación de poderes, la independencia de la justicia, la rendición de cuentas, las elecciones libres y la alternabilidad en el ejercicio del poder. Por eso participó con Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en la formación de Acción Nacional Conservadora (ANC), que fue parte de la Unión Democrática de Liberación (UDEL).

Como funcionario público (magistrado de la Corte Suprema de Justicia de 1979 a 1987 y diputado por la UNO, de 1990 a 1997) Hernaldo Zúñiga Montenegro fue igualmente digno y ejemplar. Así lo demostró cuando junto con los también magistrados de la Corte Suprema de Justicia y antiguos miembros de UDEL, Santiago Rivas Haslam, conservador, y Rodolfo Robelo Herrera, liberal independiente, renunciaron por decoro en 1987.

Vale la pena recordarlo. La Corte Suprema de Justicia dictó una sentencia de amparo ordenando acatar una resolución del Tribunal Agrario, la cual declaraba sin validez la confiscación de la finca La Verona, en el departamento de Matagalpa, y devolverla a sus legítimos dueños. Pero el comandante de la Revolución sandinista y ministro de la Reforma Agraria, Jaime Wheelock Román, desacató la sentencia judicial. De inmediato los tres honestos magistrados pusieron su renuncia irrevocable ante la Asamblea Nacional.

¡Qué orgulloso se hubiera sentido Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, con aquel digno gesto republicano de sus queridos amigos y fieles compañeros de lucha en UDEL!
Que descansen en paz los restos de Hernaldo Zúñiga Montenegro, un hombre de honor cuya memoria enorgullece a Nicaragua.

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