Después de las ciudades coloniales, Managua y las playas del Pacífico, las reservas naturales en los últimos años se habían convertido en un destino favorito para los turistas internacionales. En el 2017, por ejemplo, el 46.6 por ciento de los viajeros que vinieron de América del Norte afirmó haber visitado esas áreas naturales.
En el 2018, el impacto de la crisis sociopolítica se dejó sentir con todo su poder en el turismo, lo que ocasionó que apenas dos de cada diez viajeros de esa región hubiesen visitado alguna reserva natural durante su estadía en Nicaragua, lo que refleja el apuro que están pasando las reservas naturales ante la falta de viajeros internacionales y la necesidad urgente de que retornen las aerolíneas.
En Nicaragua se contabilizan 72 áreas de reservas naturales protegidas y tres reservas de biosfera. La administración de algunas de estas se hace a través del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), otras son administradas de forma privada, desde donde se potencia el ecoturismo, que venía ganando fuerza durante el apogeo del turismo previo al 2018.
El principal atractivo que el país ofrecía a través de sus reservas naturales a los turistas eran los recorridos de aventura, avistamiento de aves o simplemente tener contacto con la naturaleza, lo que se había convertido en una oportunidad para diversificar la oferta de actividades de ocio y esparcimiento, una de las más raquíticas de Centroamérica.
Los dueños de reservas han manifestado que los extranjeros eran su principal fuente de ingresos, hasta antes de 2018. Efectivamente el anuario del Intur refleja que después de los norteamericanos, los europeos (31.5 por ciento) y los centroamericanos (12.8 por ciento) y en menor medida los sudamericanos (4.5 por ciento) aseguraron ir a las reservas naturales durante su estadía en el 2017.
Entonces, luego de las crisis que ha sobrellevado el país, las que van desde lo político, económico y social, asociado principalmente con los eventos de abril de 2018, los huracanes y la pandemia del 2019 (esta última tiene paralizado el ingreso de visitantes extranjeros, sobre todo de Estados Unidos y Europa desde julio de 2020), se puede decir que el sufrimiento para el sector turismo ya es de vieja data y las reservas naturales también resienten el golpe por la escasez de visitas.

A las reservas naturales no les ha quedado otra más que desarrollar otros trabajos que les ofrece la naturaleza, como la agricultura o la apicultura, tal es el caso de la Reserva Estancia del Congo, en Rivas, donde los visitantes se han reducido en un 50 por ciento, sobre todo extranjeros, porque no hay vuelos.
«En Nicaragua estamos buscando cómo desarrollar la economía ambiental que proveen las reservas y que tiene mucho potencial, por ejemplo tenemos toda la biodiversidad vegetal que tiene un potencial inmenso, la biodiversidad animal y se facilita ofrecer un servicio como es el ecoturismo», explicó Freddy Cruz, presidente de la Cámara de Ecoturismo y Cultura.
Reconoce que el ecoturismo bajó significativamente en 2020, pero considera que la lucha por frenar la crisis climática mundial es algo que podría ayudar a las reservas en Nicaragua para dejar de ser solo un atractivo turístico y hacerle frente al impacto de una contracción prolongada en la industria del descanso y el ocio.
«Hemos estado buscando ser referentes de estaciones de beneficio climático, pues nos estamos moviendo del turismo», detalló Cruz. Es decir la apuesta está en buscar participación en los mercados internacionales de bonos de carbono, mediante el cual se puede obtener ingresos si se aporta a la reducción de emisiones contaminantes al medioambiente.
La Reserva Estancia del Congo no ha podido crecer en trabajadores por la situación en la que está el país y el mundo. Sin embargo algunos colegios aún son los que aportan a las finanzas de este sitio con excursiones.
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Los cultivos bajo sombra, dice Cruz, son otra alternativa que han implementado desde la reserva para poder subsistir. Se trata de tomar las semillas que producen los árboles, como el caso del guácimo, un árbol que proporciona semillas que luego se convierten en alimento para ganado bovino.
La Reserva Estancia del Congo se vio obligada a reducir el precio del alojamiento en las cabañas y del servicio de alimentos. Por ejemplo, antes la renta de una cabaña costaba 30 dólares, hoy se pagan 15 dólares y un desayuno costaba cinco dólares, mientras ahora se cobra en tres dólares, explicó Cruz.
Reserva el Chocoyero impactada
La situación de la Reserva Natural el Chocoyero también es crítica, porque mientras antes de la crisis sanitaria se podían recibir hasta 5,000 estudiantes por mes y unos mil turistas nacionales y 600 extranjeros, en la actualidad la visita de nacionales, quienes en promedio suman las 600 personas por mes, es lo que sostiene la actividad de la reserva.
El administrador de esta reserva, Alejandro Velásquez, explicó que la baja se da porque son los extranjeros los que permanecían más tiempo en el lugar, hacían avistamiento de aves, lo que generaba 20 dólares por cada grupo no mayor de seis, también realizaban recorridos nocturnos para observar murciélagos o animales como la guatusa y el armadillo.
«La caída de los ingresos ha sido brutal, casi el 60 por ciento de la economía de la reserva se disminuyó, pasamos de generar 35 mil córdobas al mes, a 18 mil o 25 mil cuanto mucho, en estos tiempos. Éramos 12 trabajadores y ahora somos seis, eso quiere decir que estamos al 50 por ciento», lamentó. Asimismo agregó que los «turistas extranjeros no se sienten confiados en Nicaragua y eso hay que aceptarlo porque es la realidad», esto en referencia a la situación conflictiva que ha atravesado el país y a la pandemia del coronavirus.
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El precio de entrada para un nacional sigue siendo de 40 córdobas, pero para el extranjero es de 90 córdobas. «El turista decía que hasta barato era, pero también se creaba un ingreso para la comunidad, porque habían universidades que enviaban a los estudiantes de otros países a quedarse compartiendo con la gente y se podía vender la comida por ejemplo o hacer turismo rural conviviendo con algunas familias», relató.
Un tour de aventura en Reserva El Chocoyero, para un grupo de ocho personas dura hasta ocho horas y se les lleva a hacer caminata en la montaña, y si el turista lo prefiere se puede caminar hasta El Crucero y aparecer en unas fincas de ese otro municipio de Managua. También hay recorridos cortos de dos kilómetros de caminata y cuesta cien córdobas , que corresponden al guía local. En el lugar se puede además reservar una cabaña familiar que cuesta 30 dólares o una matrimonial que sale en 20 dólares.
El llamado de Velásquez a la población es que sigan apoyando con sus visitas para mantener ese pulmón que está cerca de Managua, la Reserva El Chocoyero está en Ticuantepe, a pocos kilómetros del centro de la capital.
Las expectativas que tiene para Semana Santa el sector de las reservas es que sea así como fue de bueno el cierre de 2020, por ahora apalancado en las familia nicaragüenses, porque mientras no se resuelva la problemática de la conectividad aérea y la apertura de fronteras con Costa Rica por ejemplo, las divisas estarán por debajo de los niveles antes alcanzados.
En Nicaragua el Gobierno se ha negado a resolver el conflicto con las aerolíneas, lo que ha provocado que solo dos hayan retomado sus conexiones con frecuencias de vuelos reducidas, mientras que las que vienen de Estados Unidos —principales visitantes de las reservas naturales— mantienen en veremos su llegada al país, de manera tentativa esperan volver hasta febrero.