Las protestas del 6 de enero, en la cual algunos manifestantes, incluyendo seguidores del presidente Trump, ingresaron por la fuerza al Capitolio, es un hecho condenable y que merece sea castigado con todo el peso de la ley. El descontento de quienes participaron en esa protesta no justifica tales acciones. Fue algo reprochable y, para el movimiento que ha apoyado al presidente Trump en su esfuerzo por hacer a Estados Unidos (EE. UU.) grande nuevamente y dar prioridad a EE. UU. y sus ciudadanos en el quehacer político (Make America Great Again o MAGA), fue un terrible error.
MAGA debe de saber que su estrategia para protestar y ser escuchados no debe ser mediante actos como los del 6 de enero en el Capitolio. Las tácticas que BLM y Antifa pueden utilizar y han utilizado —que incluyen disturbios, quemar edificios, antagonizar a la policía, saqueos, vandalismo, asedio, extorsión, amenazas e incluso muerte— es posible para ellos realizarlas (y aún así salirse con la suya) porque gran parte de las grandes corporaciones en EE. UU., así como los principales medios de comunicación e incluso las principales y más poderosas empresas de tecnología (Big Tech), los apoyan y hacen eco favorable a sus acciones a fin de buscar cómo mantener y multiplicar dicho apoyo entre los que día tras día son bombardeados con la “narrativa” de que todo eso es justificable —e incluso necesario— para lograr cambios inmediatos y significativos con relación a la agenda que promueven.
Todos fuimos testigos de cómo una “protesta” de BLM y Antifa ha tenido siempre una reacción mayoritariamente favorable y que —independientemente de la destrucción, los disturbios y los saqueos— siempre se les permite mantener su “victoria moral” (a pesar de haber durado más de medio año y de haber dejado un saldo de más de dos mil millones de dólares en daños, decenas de muertos, centenares de oficiales heridos, más de ciento cincuenta edificios federales dañados y gran cantidad de pequeños negocios saqueados y/o destruidos). Caso opuesto es y siempre será cualquier protesta de MAGA, la cual será destruida instantáneamente en el foro de la “opinión pública”, ya que MAGA no cuenta con el respaldo ni apoyo de MSM o Big Tech y, por lo tanto, nunca tendrá una cobertura imparcial (mucho menos una cobertura favorable), y jamás podrá dictar la “narrativa” en forma que permita lograr un apoyo a su movimiento.
Es evidente la abrumadora hipocresía y doble moral con que se ha dado y continúa dándose la cobertura mediática a lo ocurrido el 6 de enero en el Capitolio. Durante más de seis meses la “narrativa” fue elevar casi a santidad a Michael Brown, George Floyd, Jacob Blake, Rayshard Brooks, Eric Garner y otros similares; totalmente opuesto a la “narrativa” utilizada al hablar del capitán David Dorn (asesinado por un seguidor de BLM) y más recientemente de Ashli Babbitt (veterana de la Fuerza Aérea de EE. UU. quien murió por un disparo recibido al irrumpir en el Capitolio), entre tantos otros. Igualmente se ve la asimetría en la “narrativa” al hablar de los participantes: a los partidarios de los demócratas siempre se les describe en forma positiva y heroica, mientras que a los partidarios de Trump siempre se les refiere como deplorables, racistas, sexistas, fascistas, nazis, etc. Sin embargo, ese grupo es cada vez más grande y no vive en el universo paralelo que se describe todos los días en MSM y en las burbujas que se crean en redes sociales. Esa otra parte de EE. UU. vive en un universo impulsado, al menos parcialmente, por buscar la realidad, seguir los hechos, tener sentido común, convivir con respeto a los derechos de los demás, defender sus libertades, defender a la familia nuclear y a los no-nacidos, defender su forma de vida, y de realmente tratar de hacer a EE. UU. grande nuevamente.
Muchos han opinado ahora que un evento como el del 6 de enero se veía venir, producto de la impunidad con que se manejaron y permitieron las violentas protestas del verano de 2020 en varias ciudades de EE. UU. Es correcto. Sin embargo, MAGA no puede ni debe utilizar tales tácticas; no solo porque son ilegales e incorrectas, sino porque el resultado neto es absolutamente negativo para el movimiento. No se ganó nada positivo el 6 de enero, más bien se perdió mucho. Algunas personas perdieron la vida, otras sin duda perderán su libertad. A diferencia de lo que sucedió con los miembros de BLM y Antifa, que fueron prácticamente todos inmediatamente liberados o capaces de obtener libertad bajo fianza (en muchos casos facilitada por donaciones hechas por demócratas prominentes), aquellos que participaron en irrumpir en el Capitolio seguramente serán recibidos con severas sentencias de prisión.
Además, todos también perderán libertad, ya que la nueva Administración seguramente utilizará este lamentable evento como “evidencia” necesaria para justificar legislación y acciones que permitan avanzar su agenda partidaria y restringir aún más las libertades, incluyendo los derechos de la 1ra y 2da enmienda.
No es un “quizás”. Esto ya está sucediendo. Al censurar en redes sociales a un presidente de EE. UU. debidamente elegido, Big Tech ha demostrado que son más poderosos que la voluntad de los millones de votantes estadounidenses. No hubo una elección que empoderase a Big Tech para tal aberración y no hay nada en la Constitución que lo permita. Sin embargo, como era de esperarse, MSM nos dice que busquemos en otro lugar para encontrar lo que se supone es “una amenaza abrumadora para la democracia”, pues censurar al presidente para ellos no lo es. No hay que dejarse engañar. Los oligarcas tecnológicos no-electos de Big Tech no pueden ni deben tener un poder tan masivo sobre la forma en que puede realizarse el intercambio de ideas y debate, local y global, especialmente mientras cuenta con casi nula supervisión y obligación de rendir de cuentas. Big Tech controla colectivamente el flujo de información para más de tres mil millones de personas y ahora han demostrado que son capaces de controlar la narrativa política y el sistema político de EE. UU., la nación más poderosa del planeta. Para muestra un botón: Se han prohibido permanentemente cuentas personales del presidente Donald Trump (incluyendo su cuenta personal en Twitter, la cual es la principal plataforma de comunicación de dicho presidente) mientras se permiten las del Ayatollah Ali Khamenei de Irán. Asimismo, se ha intensificado un descarado proceso de purgas y censura en redes sociales de seguidores de Trump, conservadores y demás opositores de la nueva Administración. Esto es un error y contrario a cualquier intento de “sanar” y “unir” al pueblo norteamericano (a como también lo es otro intento más de “impeachment” o solicitar quitar ilegalmente al presidente su autoridad de comandante en jefe). Irrumpir en el Capitolio no debe ser pretexto para suprimir, censurar y reprimir a millones de opositores, como si fuese el incendio del Reichstag. Bien lo dijo George R. R. Martin, novelista estadounidense y autor de la serie de novelas adaptadas para la serie Juego de Tronos de HBO: “Si le cortas la lengua a un hombre, no demuestras que estuviera mintiendo: demuestras que no quieres que el mundo oiga lo que pueda decir”.
El autor es Abogado y Notario Público