Tom Lasorda, quien llegó a convertirse en un ícono en la organización de los Dodgers, tanto así como Sandy Koufax o Vin Scully, falleció este viernes víctima de un ataque al corazón. Tenía 93 años de edad.
Lasorda hablaba a gritos, pero sus expresiones solían estar revestidas de cariño y respeto, mientras las sostenían un historial de éxitos en el terreno de juego con los Dodgers, equipo al que llevó a ganar dos veces la Serie Mundial.
En 20 años al frente del popular equipo de Los Ángeles, Lasorda ganó también cuatro veces el banderín de la Liga Nacional y en ocho ocasiones el título de la División Oeste. Se retiró con marca de 1599-1439.
Después del retiro de Walter Alston en 1976, Lasorda asumió la dirección de los Dodgers y en 1977 y 1978 ganó el campeonato de la Liga Nacional, pero en ambas ocasiones perdió la Serie Mundial ante los Yanquis.
Sin embargo, en 1981 con la irrupción del fenómeno de Fernando Valenzuela y el establecimiento de astros como Steve Garvey, los Dodgers se desquitaron de los Yanquis y les ganaron el clásico de otoño en seis partidos.
Lasorda volvió a guiar a los Dodgers a la cima del beisbol en 1988, cuando en una de las más sorprendentes faenas de la historia, la tropa de Los Ángeles pasó encima de los Atléticos de José Canseco y Mark McGwire.
Y aunque de acuerdo a los expertos, Lasorda nunca fue conocido como un hombre innovador desde el punto de vista táctico en el beisbol, su fuerte fue siempre su capacidad para motivar y extraer lo mejor de cada jugador.
Cuatro años después de su retiro en 1996, Lasorda asumió la conducción de la Selección Nacional de Estados Unidos y la llevó a ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sídney con Ben Sheets al frente del staff.
Muy discreto como lanzador en las Mayores (0-4 y 6.48), aunque exitoso en el Caribe, Lasorda estuvo vinculo por las más de sesenta años a los Dodgers en tareas de scouteo, coach, mánager y asesor de la oficina principal. Fue un legítimo embajador de la organización.
También fue un mánager muy cercano al periodismo de Nicaragua que lo visitó cada año en el spring training en Vero Beach, Florida. Hablaba español y como era muy amable, resultaba agradable para conversar.
Fue exaltado al Salón de la Fama en 1997 por el Comité de Veteranos en su primer año de elegibilidad. Fue siempre muy querido por los aficionados porque siempre tuvo un tiempo para atenderlos en medio de su trabajo.