El domingo 27 de diciembre —el último del año 2020—, la Iglesia católica celebró la solemne festividad de la Sagrada Familia. Desde finales del siglo XIX, la Iglesia celebra esta festividad que fue impulsada por el papa León XIII, el domingo de la Octava de Navidad, como se le llama a la semana que va del 25 de diciembre al 1 de enero.
En el Vaticano, donde está la cabeza de la Iglesia católica mundial, el papa Francisco habló sobre la necesidad de mantener “afectos profundos y puros” en la familia y de que prevalezca “el perdón sobre las discordias”. En un discurso que pronunció antes de rezar el Ángelus, el pasado domingo 27 de diciembre, el sumo pontífice católico reconoció que en todas las familias hay problemas y que “a veces se discute”. Pero “si discuten en familia no terminen la jornada sin hacer las paces… porque la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa y no ayuda”, recomendó el santo padre.
En Nicaragua, en las misas del domingo recién pasado los obispos y sacerdotes católicos también exaltaron a la familia. En la línea del papa Francisco, el obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, dijo en su homilía que “Nicaragua está llamada a ser una gran familia”. Advirtió el prelado que “en una familia hay diferencias pero, cuando estas son asumidas con respeto contribuyen a construir una gran armonía que promueve el progreso”.
Y llamó a mantener el espíritu en alto, la fuerza revitalizada y la esperanza renovada para edificar una gran familia nicaragüense en la que todos nos respetemos y nos eduquemos para la libertad y vivir en justicia.
Por su parte, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, quien se encuentra en el exilio de hecho debido a la persecución de la dictadura, habló en su homilía de la misa que celebró el mismo domingo 27 de diciembre en una parroquia de la ciudad de Miami, de “las familias de los países que padecen la represión de los poderosos de turno, o pasan grandes penurias económicas”. O sea, las muchas familias nicaragüenses que, así como la Sagrada Familia huyó a Egipto por la persecución de Herodes, han tenido que dejar su país por la feroz represión de la dictadura orteguista.
En realidad, al hacer uso de la metáfora de Nicaragua como una gran familia nacional, hay que reconocer que esta ha sido profundamente dividida y ultrajada, que sangra desde las profundas y dolorosas heridas que le ha causado y le sigue causando la represión de un poder estatal cainista.
Mirando a Nicaragua como una familia —la familia nicaragüense—, no se puede dejar de ver en ella a los caínes fratricidas que con su desmedido poder militar, policial, judicial y de bandas de militantes fanáticos armados, han matado a muchos de sus hermanos y a todos los demás los mantienen secuestrados en un país-prisión donde no hay libertad ni justicia, ni derecho ni ley.
Y mientras los que han matado masivamente a sus hermanos no se arrepientan, ni se haga justicia, es muy difícil —por no decir imposible— que la familia nicaragüense se pueda reconciliar para vivir en libertad y en paz, como generosamente anhelan y predican los obispos.