El escritor Marie Henri Beyle, nacido en Francia en 1793, es autor de novelas y ensayos. Tiene por seudónimo Stendhal y nos narra en su libro Roma, Nápoles y Florencia, que en 1817, al visitar la Basílica de Santa Croce en Florencia: “Estaba en una especie de éxtasis ante la idea de encontrarme en Florencia y por la proximidad de aquellos grandes hombres cuyas tumbas acababa de visitar. Absorto en la contemplación de la belleza sublime… Había llegado a aquel punto de emoción en el que uno experimenta sensaciones celestiales… todo le hablaba tan vívidamente a mi alma. ¡Ah, sí tan solo pudiera olvidarlo! El corazón me palpitaba, lo que en Berlín se conoce como “nervios’’. Mi vida se drenaba. Caminaba con miedo de caerme’’.
Eso fue estudiado por la psiquiatra Graziella Magherini en 1979, en el hospital de Santa María Nuova, con más de cien pacientes que habían sido hospitalizados tras un día recorriendo las calles o los museos de Florencia. Lo llamó enfermedad “Síndrome de Stendhal’’ en honor al escritor y publicó un libro de investigación.
Este Síndrome está catalogado como una enfermedad psicosomática, que puede suceder cuando se visita museos, obras de arte, conciertos, películas… se caracteriza por taquicardias frecuentes, mareos, llantos, desmayos, desorientación, alucinaciones, temblores…
El doctor Ángel Guerrero, especialista del servicio de Neurología del Hospital Universitario de Valladolid, nos reafirma las características de este síndrome, al remarcar la atención en los trastornos del pensamiento, de los afectos y crisis de pánico.
La doctora Magherini identificó tres grupos de síntomas, que resultan en tres tipos del síndrome:
Trastornos del pensamiento: alteraciones de la percepción o colores, sentimiento persecutorio o de culpa y ansiedad, que tenían un 66 por ciento de incidencia en los turistas consultados.
Trastornos predominantes de los afectos: con síntomas en grado variable, como angustias depresivas, sentimientos de inferioridad, como de inutilidad, precariedad o insuficiencia, o sentimientos de superioridad, como euforia, exaltación, pensamiento omnipotente o ausencia de crítica de la propia realidad. Con una frecuencia de hasta un 29 por ciento.
Trastornos de angustia y de pánico: los pacientes sufrieron crisis de pánico o proyecciones somáticas de angustia: dolor precordial, sudor, desvanecimiento, taquicardia o malestar epigástrico, en un porcentaje del cinco por ciento.
El doctor Guerrero, con motivo de un encuentro en Italia de la Sociedad española de Neurología —en 2008—, realizó una encuesta entre los asistentes y sus resultados junto con una exposición del síndrome se publicaron en 2010 en la revista Neurología. Sus resultados mostraron que el 25 por ciento de los encuestados, en una muestra de 48 encuestas, habían experimentado una forma parcial del síndrome. El equipo de investigación del doctor Guerrero no identificó crisis de pánico ni alteraciones del pensamiento, aunque sí señaló como frecuente la influencia del arte en los afectos, en el placer y la emoción. Es necesario manifestar que en el primer estudio de la psiquiatra Magherini el 50 por ciento de sus consultados tenían antecedentes psiquiátricos.
La doctora italiana Magherini realizó en el año 2007 una revisión al Síndrome, al estudiar las impresiones de los viajeros sobre ¿qué les hacía sentir el encuentro con la obra de arte?
Con motivo del aniversario de los 500 años de la estatua del David de Miguel Ángel Buonarroti (Galería de la Academia de Florencia) se dispuso de un libro para las anotaciones de las impresiones de los visitantes. Se encontraron las siguientes manifestaciones: las más comunes de la belleza, admiración y desagradables, en cuanto se referían a la dificultad de comprender cómo un artista había llegado a tal grado de genialidad, o incluso había deseos de destruirla y otros le daban ánima, vida a la obra y hasta serían capaces de enamorarse.
La autora es psicóloga y promotora cultural.