El operador político del régimen orteguista a cargo de intelectualizar, banalizar y justificar los más de 320 asesinatos y otros crímenes horrendos cometidos durante la represión de la rebelión popular y las protestas sociales de 2018, ha dejado patéticamente claro su esfuerzo por tratar de convertir la mentira en verdad.
En una entrevista con el periodista de LA PRENSA Fabián Medina, publicada el pasado domingo 20 de diciembre, ese funcionario que busca lo veraz para convertirlo en falso, dijo que para él “la verdad, para comenzar por el concepto mismo, es una construcción social que se hace entre todos”. O sea que para él y el régimen al que sirve la verdad no es lo que ocurrió en la realidad, sino el “constructo” o construcción teórica de los servidores intelectuales de la dictadura para ocultar o negar la represión despiadada y sangrienta perpetrada después de abril de 2018.
Eso es una burda apelación a la posverdad, como se le llama a la falsificación de la realidad para justificar los abusos, represión y corrupción de los regímenes despóticos.
La posverdad, según Wikipedia, “describe la distorsión deliberada de una realidad en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales”. Esto es exactamente lo que trató de hacer en la entrevista para LA PRENSA, el operador político de la dictadura encargado de justificar los crímenes de lesa humanidad y otras barbaridades que cometió en 2018.
El escritor y filólogo español Daniel Gascón menciona en uno de sus escritos sobre el tema, que el Oxford English Dictionary define la posverdad como una situación en que “los hechos objetivos son menos determinantes que la apelación a la emoción o las creencias personales en el modelaje de la opinión pública”; en tanto que para el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), la posverdad es la “distorsión deliberada que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública”.
Añade Gascón que quienes usan la posverdad como herramienta política para trabajar sus fines, consideran que las personas padecen de pereza mental, que no se preocupan por indagar los hechos y compararlos con lo que se dice. Y recuerda que Hannah Arendt advirtió que la confusión entre hechos y opiniones “era una de las bases del totalitarismo (nazi y estalinista), una condición para su triunfo”.
Para quienes no lo sepan, Hannah Arendt (1906-1975) fue una eminente filósofa y teórica política judía, nacida en Alemania pero nacionalizada estadounidense, que sufrió personalmente los horrores de la represión nazi. Ella se consagró a estudiar y explicar el fenómeno de la dictadura totalitaria y sus libros más famosos son precisamente, entre otros, Los Orígenes del Totalitarismo, Hombres en Tiempos de Oscuridad y Verdad y Mentira en la Política.
De la experiencia y la obra de Arendt se desprende la enseñanza de que aunque las mentiras de las dictaduras sean burdas y evidentes, siempre hay que refutarlas; y que la lucha intelectual e ideológica es necesaria e incluso primordial en la defensa de la vida, la verdad y la libertad.