¿Cristianismo en retirada?

En vísperas de lo que se estima ser el 2020 aniversario del nacimiento de Cristo, es oportuno preguntase: ¿reverencia el mundo esta fecha, igual o menos que hace unas décadas? Dificulta la respuesta la diversidad de regiones: en algunas aumenta el amor a Cristo, como sucede en África y partes de Asia, incluyendo China comunista.

Pero en otras lo que aumenta es el ateísmo, el escepticismo, y el indiferentismo religioso, como sucede en occidente.

En Estados Unidos el porcentaje de los autoidentificados como no religiosos era, en 1990, el 8%. Para el 2000 subía al 14% y para el 2014 al 21%. En Inglaterra y partes de Europa cierran iglesias por falta de fieles. Pero esto es, apenas, la punta del témpano. Los datos subestiman la irreligiosidad subyacente. Bajo la superficie está el creciente porcentaje de creyentes que lo son del diente al labio, o “a su manera”; aquellos con una moralidad laxa o en clara contradicción con las enseñanzas oficiales de sus iglesias. El respaldo al aborto en países tradicionalmente católicos, como España, México y recientemente Argentina, es un síntoma de ello. Igual la creciente aceptabilidad de los matrimonios homosexuales y la facilidad con que avanza la ideología de género —aquella para quien ser macho o hembra no es un hecho dado por la biología, o por Dios, sino una elección personal.

Fenómeno paralelo, y que en el fondo explica el anterior, es lo que el gran papa Benedicto XVI, llamó “la dictadura del relativismo”; la pretensión de que la única perspectiva aceptable o políticamente correcta, es la que sostiene que no hay verdades ni valores absolutos, que todos son relativos. Y cuyo corolario es que cada uno puede adoptar su propia moral abandonando la idea, “anticuada”, de reclamársela a otros; la idea es que debemos ser “abiertos”, no anclarnos en valores tradicionales sino bien venir la “post modernidad”.

En este contexto cultural las palabras de Cristo “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida”, suenan como desfasadas o pretenciosas. Mentalidad que penetra incluso lo que por siglos ha sido el baluarte de verdades y valores absolutos; la Iglesia católica. Un autor norteamericano, Ralph Martin, acaba de publicar “A Church in Crisis” (Una Iglesia en Crisis), libro que documenta profusamente como los valores seculares están penetrando en amplios sectores del clero y laicado católico. So pretexto de una modernización o actualización permanente (aggiornamento) e incómodos con la tradición, muchos quieren abrir la Iglesia a los nuevos valores, aunque sean anticristianos.

Uno de los ejemplos más flagrantes lo proporcionó recientemente Mario Ernesto Patrón Sánchez, rector de la universidad jesuita Iberoamericana, de México, quien abogó por la despenalización del aborto. Otro, más sutil, pero también sintomático de estos giros, es el nacimiento que acaba de instalar el Vaticano en la Plaza de San Pedro. San Francisco de Asís, inventor de esta tradición, quería atizar la piedad popular a través de contemplar reproducciones realistas del momento extraordinario en que Dios se encarnó en Jesús niño. El nuevo nacimiento, por el contrario, es una mueca donde un astronauta y un vikingo comparten el estrado con unas imágenes abstractas de José y María y donde falta lo más elemental: la figura del niño Dios, sustituida por un trapo rojo. En palabras de uno de los muchos críticos, “se cuestiona, velándola, la Encarnación de Dios en carne humana, que es precisamente lo que se celebra, pero más parece que Dios se hizo concepto y no un niño”.

Quizás lo hacen porque piensan que la forma de frenar la descristianización es plegando la Iglesia a los tiempos presentes. Mas eso es, precisamente lo que la ha debilitado, abriendo las compuertas al error. San Pablo, ante resistencias similares de su ambiente, sentenció: “No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto”.

Con esta tozudez, nadando heroicamente contra corriente, la Iglesia venció y evangelizó el mundo antiguo. Hoy, como ayer, será buscando ser fieles a su legado, y no aceptables al mundo, como los cristianos podrán derrotar al nuevo paganismo.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

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