Los indiferentes

En este mundo pletórico en contradicciones en que nos ha tocado vivir, podemos decir que existen dos clases de indiferentes: los activos, que actúan en función de sus intereses personales y los pasivos, que se puede caer el mundo a sus pies y no reaccionan de ninguna manera. Los primeros son los pusilánimes y los segundos los que únicamente vegetan. Así nos encontramos que:

Hay quienes podrían ver a la patria ensangrentada por sus cuatro costados y no se conmueven; hay quienes podrían ver a un niño morir de hambre por falta de pan o por sus ideales como Alvarito Conrado y no se inmutan; y hay quienes podrían ver a todo un pueblo crucificado, como el Nazareno en la cruz y no se apiadan: esos son los indiferentes activos. Algunos lo son por oportunismo, otros porque en su escala de valores prima el afán desmedido del dinero y unos terceros, porque les importa un bledo el destino de su país y prefieren cobijarse bajo la sombra de los poderosos.

He querido referirme a este tema, después de conocer que varias distinguidas damas del Cosep dirigieron recientemente una carta al dictador Ortega, en la que indignamente imploran un diálogo para que les resuelva un problema tributario que está afectando sus bolsillos como empresarias y que por lo consiguiente deriva en grave perjuicio para la economía nacional. Tal hecho no tendría ninguna trascendencia si la carta fuera dirigida en circunstancias normales, pues en todos los países donde prevalece el sistema democrático los y las ciudadanas tienen el pleno derecho de dirigirse a las autoridades para que enmienden cualquier error, como entiendo es el caso presente, con el razonable propósito de rectificación. Pero desgraciadamente, este no es el caso de Nicaragua.

En la Nicaragua actual, no hay quién lo dude, no se vive bajo un gobierno democrático sino bajo una dictadura militar, una de las más crueles y nefastas que registran los anales de la historia latinoamericana. Ese gobierno, como se ha demostrado hasta la saciedad es ilegítimo y no se sostiene por la voluntad popular sino por la fuerza de las bayonetas. Las damas a que me refiero, saben perfectamente toda la tragedia que con sus muertos, sus presos políticos y los miles de exiliados, está pasando Nicaragua desde el 18 de abril del 2018. Que la lucha sigue y seguirá, con grandes sacrificios para todos, si queremos tener un gobierno decente en el concierto de las naciones civilizadas.

Por lo tanto, aquí no se trata de ¡sálvese quien pueda! Sino de aunar esfuerzos para que más temprano que tarde podamos tener los nicaragüenses la patria de todos. Esta actitud de buscar soluciones parciales (parches) a la crisis nacional me recuerda lo que el presidente de los EE.UU., Ronald Reagan (1911-2004) dijo en una memorable ocasión: “La historia recordará con el mayor asombro que quienes más tenían que perder fueron los que menos hicieron por evitarlo”.

Para finalizar me gustaría preguntar: ¿Acaso no bastaron más de 10 años del Diálogo-Consenso para demostrar que lo que Ortega buscaba era el apoyo de los empresarios para desmantelar la poca Institucionalidad Democrática que teníamos y no el fortalecimiento del Estado de Derecho que es lo que conviene a todos? Tanto el Cosep como la Alianza Cívica y la Coalición Nacional han coincidido reiteradamente en que para que la grave crisis nacional se resuelva satisfactoriamente, con sus centenares de miles de desempleados y el país al borde de la bancarrota, es necesario primero y antes que todo, resolver el asunto político y todo lo demás vendrá por añadidura. Esperamos entonces que estos se junten de una buena vez y formen una sólida unión, apartada de los mezquinos intereses de grupos o personas, para enrumbar a nuestra patria por los caminos de la democracia en beneficio de todos y no de unos pocos como tradicionalmente se ha acostumbrado.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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