La fiesta de Cristo Rey nos dice muy concretamente cómo llevar a cabo el Reinado de Dios: el Reinado de Dios se lleva a cabo solo con el corazón, poniendo en cada momento de la vida el amor al hombre, a todo hombre: “Tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber, estaba desnudo y me vestiste, enfermo y fuiste a verme… Lo que hiciste con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hiciste” (Mt. 25, 35-40).
El programa que nos presenta Jesús para llevar a cabo el Reinado de Dios, solo tiene una palabra: la palabra amor, amor al hombre, a todo ser humano. Jesús sabía muy bien que esa palabra, la palabra amor, encerraba en sí, como ya lo había dicho antes, “toda la ley y los profetas” (Mt. 22, 40).
No hay, pues, otra manera de llevar a cabo en este mundo nuestro el Reinado de Dios, sino con el arma del amor. Cuando el amor no reina, reinan los egoísmos, reinan los odios y el ojo por ojo, reinan las guerras y las violencias, reinan la miseria y el hambre, reinan el delito y la inseguridad, desaparecen la misericordia y la solidaridad, reina la corrupción causante todo ello de esta sociedad deshumanizada en la que mal vivimos.
Es necesario, pues, un cambio en el corazón de todos. Solo el amor a todo ser humano puede salvar este mundo nuestro. No podemos seguir con el corazón cerrado por las puertas de nuestro duro y frío yo, necesitamos abrir el corazón a lo que es propio suyo: al amor.
Solo la realeza del amor es capaz de dar de comer al hambriento y de luchar para que más nunca pueda morir de hambre un ser humano. Solo la realeza del amor es capaz de hacer hasta lo imposible para que esta sociedad nuestra haga desaparecer la miseria en la que malviven muchos de nuestros hermanos más pequeños.
Solo la realeza del amor es capaz de que más nunca haya gente desnuda, porque no tiene cómo comprarse una ropa para vestirse. Solo la realeza del amor es capaz de estar, allí donde está el emigrante, el enfermo y el encarcelado para dar esperanza a quienes ya la tienen perdida (Mt. 25, 35-40).
Solo la realeza del que se hace amor por todo ser humano y, de una manera especial, por el más necesitado, ama realmente también a Dios (Mt. 25, 40). Solo amando al hombre y luchando a favor del hombre, se hace posible el reinado de Dios y un mundo nuevo.
Al atardecer de la vida nos examinarán del amor. Pero, la verdad es que este examen no está pendiente solo para el atardecer de la vida; este examen sobre el amor a los demás es diario y en cada momento.
Es en el hoy donde se ejercita el amor. El mañana se hace hoy, el futuro se construye en el presente. Todos los momentos de la vida tenemos que estar preguntándonos sobre “qué hemos hecho del amor”.
El reinado de Cristo es el Reinado del amor; por eso, nuestra gran apuesta, si queremos llevarlo a cabo, solo está en optar por el amor. No habrá justicia social sin amor.
El reinado de Dios es el reinado del amor. Si el corazón de los hombres solo entendiera de amor, muchas cosas y muchas crisis se solucionarían, porque “quien de veras quiere, mucho puede”.
El autor es sacerdote católico.