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Iglesia, empresarios y sociedad al rescate

La Iglesia católica y el sector empresarial, cada uno por su lado, informaron que han activado operativos de emergencia para  ayudar a los damnificados por los huracanes Eta y Iota, así como para  gestionar la mayor ayuda internacional.

Desde el primero de los dos huracanes que han azotado a todo el país y principalmente a la población del Caribe Norte, la Iglesia católica se movilizó para recaudar ayuda de los feligreses y enviarla a las zonas más perjudicadas. “Nuestra gente, en medio de su pobreza y de sus limitaciones siempre comparte lo poco que tiene con el hermano que está afectado”, dijo a LA PRENSA el cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

Las distintas diócesis de la Iglesia se han movilizado en la recaudación de apoyo a los damnificados del Caribe, particularmente en respaldo a los de Siuna, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, cuyo administrador apostólico -monseñor Pablo Schmitz- recorre las comunidades llevando asistencia espiritual y la ayuda material que aportan los feligreses.

Por su parte, el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) informó que ha activado una red de apoyo nacional e internacional con el objetivo de acopiar y gestionar asistencia solidaria y humanitaria para las personas y las familias damnificadas por los dos huracanes que de manera consecutiva azotaron al país en días recientes.

Ante la desconfianza de la comunidad internacional en la dictadura de Nicaragua, que podría mermar la ayuda externa al país para atender la emergencia, en comparación con ocasiones anteriores, el Cosep hace gestiones para que la disminución de la ayuda sea lo menos posible.

 “Nosotros hemos estado hablando con diferentes ONG a nivel internacional, con la Unión Europea. Lo que estamos asegurando es que haya apoyo de países amigos y hermanos para las familias damnificadas en Nicaragua”, declaró el presidente del Cosep, Michael Healy, a los periodistas de medios de comunicación nacionales y extranjeros.

También las ONG humanitarias y de servicio social, medios de comunicación, movimientos democráticos y excarcelados políticos se han puesto de pie con el fin de recaudar apoyo material para la población afectada por los desastres naturales, y hacerlo llegar por cualquier medio que sea posible. A pesar de la mezquindad política del régimen, que obstaculiza y reprime las actividades de solidaridad  con los damnificados desde la sociedad, esta no ha dejado de manifestarse porque la bondad humana vence todos los obstáculos.

El apoyo a las víctimas y damnificados no debe ser solo asistencialista, y menos manipulado con fines de proselitismo político. Para que sea solidario, el apoyo a las víctimas tiene que ser subsidiario, fundarse en la acción común del Estado con las distintas organizaciones de la sociedad, las empresas y las iglesias.

Pero en Nicaragua no hay un Estado solidario, o sea uno que tenga voluntad y capacidad de unir los esfuerzos del sector público con el de los distintos sectores de la sociedad, para afrontar de mejor manera las situaciones de emergencia. Lo que existe es un régimen autoritario que sustituye la solidaridad con el asistencialismo populista, con la manipulación ideológica y el sectarismo político, lo cual redunda en mayor perjuicio para una población que ha sido gravemente dañada por catástrofes de diversa naturaleza.

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