Recibir cuerpos en ataúdes sellados, envueltos en plástico, sin que la familia pudiera corroborar que era su familiar fallecido y luego llevar el cuerpo directo al cementerio, incluso a altas horas de la noche o en la madrugada, eran escenas que se miraban a diario en el país tras la llegada del Covid-19. Pero de la noche a la mañana estas escenas desaparecieron, pese a que los nicaragüenses siguen falleciendo sospechosos de este virus: 15 murieron entre el 1 y el 7 de octubre, según el Observatorio Ciudadano.
El Ministerio de Salud (Minsa) asegura que apenas fueron dos fallecidos en esa semana. Según el Observatorio, la alarma de posibles aumentos de personas hospitalizadas tanto en centros médicos públicos como privados ya empieza a sonar.
De ahí, ¿por qué ya no se miran, al menos hasta ahora, los entierros exprés en Nicaragua? Especialistas en salud pública explican que estos fueron ordenados por el Gobierno para que la población no se enterara de la cantidad de muertos en ese momento y esto se originó como respuesta del colapso de los hospitales y morgues por el exceso de mortalidad cuando el virus llegó a Nicaragua.
“Hay hospitales que claramente colapsaron y no sabían qué hacer… fue más el pánico (los entierros exprés) porque ellos nunca esperaron que realmente la cosa fuera tan seria”, explicó el salubrista Carlos Hernández, del Comité Científico Multidisciplinario.
Sin embargo también considera que este “error”, el de ordenar entierros nocturnos y discrecionales, lo corrigieron a medida que se fueron descongestionando los hospitales, iniciaron a tener una línea de comunicación con familiares, permitieron la identificación del cadáver y recomendaron no hacer velatorios colectivos.
“Tenemos también que reconocer que la gente aprende, yo creo que hoy por hoy los servicios públicos han aprendido, lo primero que aprendieron es que esta epidemia es de verdad, es terrorífica y no lo que ellos creyeron”, explicó Hernández.
Asimismo, el epidemiólogo Rafael Amador considera que también ha influido la baja en identificación y ubicación de los casos, porque el brote del virus ya está en todo el país, incluso en las zonas rurales donde hay menos acceso a los servicios de salud.
“Hay reportes anecdóticos que no están escritos y bien documentados de muchas personas que se enfermaron, murieron y fueron enterrados en sus comunidades sin haber sido identificadas, ni por el sistema oficial ni por el Observatorio”, dijo el doctor Amador.
Casos y muertes han disminuido, pero el virus sigue circulando
Si bien Nicaragua se encuentra en una fase de casos mínimos, no se puede bajar la guardia, porque el virus sigue circulando de manera silenciosa y puede desatar una segunda oleada de entierros como los vistos a inicio de la pandemia.
Los médicos recuerdan que el virus está circulando en la población joven y asintomática. “Pasamos varios meses donde los únicos que se expusieron fueron ciertos grupos que minimizaron los riesgos de la epidemia, fundamentalmente lo hacen en las actividades que promovió el Gobierno”, explicó Hernández, tomando en cuenta que la mayoría de estos grupos son personas entre las edades de 25 y 30 años.
Otra razón de por qué posiblemente ha bajado la congestión en los hospitales, que dio paso a los entierros exprés, según Hernández, es que muchas personas con casos positivos no están asistiendo a los centros médicos, sino que están siendo atendidas a domicilio por médicos particulares, por el miedo que se generó a los hospitales por las prácticas antes mencionadas.
“La desconfianza no se ha resuelto en la población… y nadie ha podido medir cuánta gente está siendo tratada a domicilio con casos leves y con vigilancia de médicos privados”, dijo el salubrista.
El doctor Amador señala que tanto el personal de salud (privado y público), como la población empezaron a entender mejor la enfermedad y su comportamiento, que junto al miedo a los hospitales llevó a las atenciones a domicilio y por lo tanto no se incluyen en los reportes.
“Son variables que en alguna medida pueden estar disminuyendo la aparición de personas que acudan a los servicios de salud, se quedan manejados en su casa, se atienden los problemas severos de manera oportuna y eso disminuye la necesidad de hospitalización”, explicó el epidemiólogo.
Sin embargo, ambos especialistas advierten que la población no se puede confiar en esta relativa calma porque “hoy por hoy el virus está circulando en todo el territorio, cuando empiece otro nuevo brote, la cosa va a ser mucho más seria, porque hoy tenemos el virus circulando en todas partes”.
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El contraste en la región
Nicaragua ha sido el segundo país en la región que reporta la menor cantidad de muertos por Covid-19 ante el Sistema de Integración Centroamericana, después de Belice. Esto a pesar de que el Gobierno no ha hecho inversiones hospitalarias de urgencia para hacer frente a la pandemia.
El Minsa dice que 153 personas han perdido la vida por el virus, mientras el Observatorio Ciudadano sitúa las víctimas mortales en 2,768 personas, hasta el 7 de octubre.

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Este comportamiento de “relativa calma” para el doctor Amador es como estar en el ojo del huracán, pues aunque gran parte de la población ha tomado y sigue tomando medidas, esto está logrando contener el rebrote, sin embargo no significa que no llegará al igual que en el resto de la región.
“Una parte de la población lo ha hecho bien y lo sigue haciendo bien, el problema es que ya hay cansancio y hay posibilidad de que la gente empiece a bajar la guardia pensando que la cosa ya pasó, ahí es donde está el error que pueden cometer”, dijo el doctor Amador.
El doctor Hernández considera que la baja en los casos y muertes en Nicaragua puede ser resultado de que al no haber habido una cuarentena impuesta, la gente entendió que todos debían recurrir al autocuido ante la falta de acción del Gobierno para proteger la vida de los nicaragüenses.
La población “hizo sostenible su propia protección, pero eso no está negando en lo absoluto la altísima probabilidad de un segundo brote, lo está retrasando y va a hacer que el crecimiento no sea repentino sino que sea más bien progresivo”, explicó Hernández.