En contestación a mi artículo del lunes pasado (El reto de los votantes católicos en Norteamérica), Pedro Belli respondió con otro que inicia así: “Humberto Belli acusa a Joe Biden y a Kamala Harris de prometer financiar el exterminio de niños y de apoyar el aborto hasta el noveno mes de embarazo. Esta es una distorsión de la posición de Biden y Harris”.
Su primera afirmación distorsiona mis palabras, pues yo no afirmé que ellos prometen financiar el exterminio de niños, en general, sino el “exterminio de los niños por nacer que lleva a cabo la ONG Plan Parenthood”. Esto es muy diferente. Y es factualmente correcto: Biden y Harris han propuesto desmontar la Enmienda Hyde, que prohíbe financiar abortos con los impuestos de los contribuyentes. E igualmente cierto es que el negocio de las clínicas abortistas de Plan Parenthood es exterminar (matar, destruir) criaturas en el vientre materno. Por eso todas las ONG abortistas apoyan entusiastamente estos candidatos.
La segunda parte de su afirmación tiene un punto de razón. Ellos no han dicho expresamente que apoyan el aborto hasta el final del embarazo y no debí insinuarlo sin matices. Pero esto no implica, necesariamente, que lo opongan. Snopes, ONG especialista en chequear la veracidad de acusaciones, señala que “dado el apoyo de Harris al derecho individual de escoger cuando terminar el embarazo, combinado con su apoyo a la legislación que busca evitar restricciones a los abortos de fetos viables, es posible que apoye el aborto en cualquier tiempo antes del nacimiento”.
En febrero de 2019, “The Daily Caller” preguntó a varios senadores demócratas si existía algún momento en que el aborto pudiese considerarse inmoral. Ella evadió la respuesta directa diciendo: “Creo que esa decisión corresponde a la mujer, y yo siempre respaldaré eso… Yo creo que ella necesita hacer esa decisión con su doctor, su cura, su esposo”.
Mas es preciso no perderse en estas controversias y distraernos de lo esencial: que apoyar el aborto, tanto de criaturas viables o todavía inviables, es apoyar una monstruosidad. Las fotos de los cuerpecitos abortados, con sus brazos y piernas desmembradas en un charco de sangre, hace imposible que una persona con un mínimo de honestidad intelectual sostenga que “no es un bebé” y que el aborto no es un acto de violencia que destroza un ser vivo.
De aquí que sea inmoral no solo tolerar estos homicidios, que en realidad son asesinatos —pues son hechos con alevosía, premeditación, ventaja y nocturnidad— sino querer financiarlos con los impuestos, obligando a los contribuyentes opuestos al aborto, cristianos y no cristianos, a pagar la masacre.
Enfrentados a estas realidades algunos “católicos”, como Biden, han alegado que están “personalmente” en contra del aborto, pero que no se creen con derecho a imponer su criterio a otros. Es como si dijeran: “estoy en contra de matar a los discapacitados, pero no creo que deba prohibírsele a los demás.
Aquí está la gravedad del asunto. La distorsión moral que lleva a proclamar la eliminación de los por nacer como un “derecho” que el Estado debe proteger e incluso exigir. Por eso Biden y Cía. favorecen que se eliminen las restricciones y cautelas que muchos estados han impuesto para regular y crear espacios para retrasar los abortos: La Women’s Health Protection Act., iniciativa, cuyo espíritu es despejar el camino de los abortistas de cualquier obstáculo, y que podría fácilmente convertirse en una herramienta para ampliar la tolerancia legal de matar fetos viables cuando se juzga que presentan un peligro para la salud de la madre. Para eso basta ampliar los conceptos de salud y riesgo. Porque la mental puede incluir estados tan comunes como ansiedad, nerviosismo o depresión. Y el riesgo puede estar siempre, ya casi no hay embarazos que no conlleven algún riesgo para la salud maternal.
Con estas posiciones antivida de Biden y Harris volvemos al dilema del voto. Aquí también hay quienes alegan que el tema del aborto no debe constituir el único criterio para rechazar un candidato: quizás el otro representa algo peor y obligue a optar por el mal menor. De nuevo, habría que probar que el otro propone políticas más siniestras.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro Buscando la Tierra Prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.