/ Carlos Caballero Alvarado

Ética en la obediencia y desobediencia

La desobediencia de Adán y Eva dio origen a la historia humana y así, de igual manera, la desobediencia de abril 2018 dio origen a una nueva historia para Nicaragua, porque desde entonces se ha iniciado la caída del régimen de Ortega.

Para entender mejor esta afirmación procederé a exponer la naturaleza ética de las acciones: obedecer y desobedecer. Hemos aprendido desde que éramos niños que la obediencia es una virtud y que la desobediencia es un pecado. Con esta convicción hemos crecido y con ella hemos actuado a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo, esta situación no es una verdad absoluta, porque tanto la obediencia como la desobediencia tienen un origen ético. Es decir, tienen una motivación o una causa ética que subyace en lo que obedecemos o desobedecemos. Si obedecemos al bien común, a la vida, a la libertad, a la dignidad y al amor nuestra obediencia es positiva porque está a favor del humanismo, pero si obedecemos a la muerte, a la opresión, al irrespeto de sí mismo y al odio, de hecho, nuestra obediencia es negativa porque está a favor de la destrucción del hombre. Es más, si usamos el verbo desobedecer provocamos una inversión en los adjetivos negativo y positivo y tendríamos la siguiente situación: desobedecer porque la orden va a favor del humanismo es una desobediencia negativa y desobedecer porque la orden va a favor de la destrucción del hombre es una desobediencia positiva. Esto se debe a que cuando obedecemos un principio desobedecemos a su contraparte, porque son inconciliables y porque, además, son términos que tienen una relación dialéctica.

Circunscribámonos ahora a la realidad político-social de Nicaragua y preguntémonos, contestándonos: ¿qué tenemos en este país? Nada más y nada menos que una monarquía absoluta, o si se quiere conceptuar de otro modo, pues, digámosle dictadura, aunque este concepto no describe exactamente lo que tenemos, es muy suave, se queda corto al sustantivar el sistema. Es harto obvio, que tenemos un gobierno que ha roto el orden constitucional y pisoteado el supervértice de los derechos humanos. Que es altamente corrupto y que fomenta el enriquecimiento ilícito. Que es un sistema de gobierno que controla todos los poderes del Estado y que ha pretendido asfixiar todo tipo de protesta a base de plomo, con armas de guerra en contra de los manifestantes, cuyas armas han sido su espíritu combativo, morteros y tiradoras. ¡Qué desacierto! ¡Qué bárbara desproporción! Un sistema así, que ha cometido genocidio, exterminación y otros crímenes de lesa humanidad solo merece desprecio, desaprobación, condena y desobediencia.

De cara a esta realidad, ¿quiénes se rebelaron? ¿Quiénes expresaron un basta ya? ¿Quiénes defienden la vida y atacan la corrupción? ¿Quiénes han desobedecido positivamente? Lo ha hecho gente joven y pensante, estudiantes amantes de la libertad y el orden constitucional, gente que desprecia los poderes absolutos y que, por ello, no tiene espíritu de esclavos. Campesinos, obreros y comerciantes que les gusta el trabajo y el progreso, que añoran los tiempos en que producían y hacían todas sus actividades en paz, cuando no temían a ninguna represión por pensar distinto. Profesionales e intelectuales humanistas que están conscientes de las técnicas enajenantes de la personalidad que el maquiavelismo de Ortega usa a través del sistema educativo formal y de los medios de comunicación masiva.

Vemos, que quienes caímos en desobediencia somos todos aquellos y aquellas que pensamos en el bien común, que defendemos la vida y vigencia total de los derechos humanos registrados en nuestra Constitución y que creemos en el potencial, o en las capacidades de los hombres y mujeres de bien. En síntesis, somos aquellas personas que creemos en el Estado de Derecho, en donde la Ley es la que manda y no los hombres, o ningún hombre en particular.
Hasta aquí hemos hablado de la desobediencia positiva, abordemos ahora su contraparte: la obediencia negativa.

Quedemos claros sí, que vamos hablar de la antítesis de la desobediencia positiva. Del amor a la muerte y la destrucción que impide toda posibilidad de que exista un humanismo universal. Pues la obediencia negativa conlleva dentro de sí misma un valor ético completamente henchido de necrofilia, que puede destruir la civilización misma por ser, precisamente, una verdadera enemiga de la humanidad.

Preguntémonos: ¿quiénes han obedecido órdenes de destrucción masiva? ¿Quiénes han obedecido a sus apetitos de enriquecimiento ilícito? ¿Quiénes han disparado armas de guerra contra el pueblo? ¿Quiénes apoyan al sistema político descrito anteriormente? ¿Quiénes son los obedientes negativos? Las respuestas son muy simples y de sobra conocidas por todos nosotros. Son aquellos individuos que no defienden ningún derecho del pueblo, sino sus propios intereses personales. Personas que no se atreven a desobedecerle al Jefe, porque sienten que se quedan solas frente a una gran mayoría de nicaragüenses que les deprecia. Ciudadanos mediocres proclives al servilismo e incapaces de superar sus humildes orígenes por sus propios méritos. Seres que por tener espíritus de esclavos fomentan y alimentan el ego enfermizo, egoísta, necrófilo y ávido de omnipotencia del Caudillo. Gente que en su mayoría es de escolaridad baja y obediente por conveniencia, sin importarle la magnitud del daño, que al ejecutar la orden puedan producir, aun cuando sus propias vidas estén en peligro. Terminemos esta exposición con las palabras que al respecto Erich Fromm dice: “Si la humanidad se suicida será porque la gente obedecerá a quienes le ordenen apretar los botones de la muerte, porque obedecerá a las pasiones arcaicas de temor, odio y codicia, porque obedecerá a clisés obsoletos de soberanía estatal y honor nacional”. ¿Permitirán las fuerzas armadas y el pueblo que Nicaragua se suicide? Creemos que no, pues aún hay tiempo y espacio para la ¡fulminante hora de la desobediencia positiva!

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