Ascanio en Alba

Y además

Sobre Ascanio, el hijo del troyano Eneas que fundó en tierra italiana la ciudad de Alba Longa, y sus descendientes fundaron Roma, Wolfgan Amadeus Mozart compuso la opera Ascanio en Alba.

La emperatriz María Teresa de Austria pidió a Mozart, también austriaco, que compusiera especialmente una ópera con motivo de las bodas de su hijo, el archiduque Fernando de Austria con la italiana María Beatriz de Este, Duquesa de Massa y Carrara. Mozart accedió con todo gusto a la petición de la emperatriz y así fue que creó la exquisita obra operática que he mencionado.

Mozart tenía solo 15 años de edad cuando compuso Ascanio en Alba. Como es bien sabido, él era un genio musical.

Ya a los cuatro años tocaba hábilmente el violín y el clavecín (instrumento de teclado anterior al piano) y a los cinco compuso sus primeras obras musicales que dedicó asu padre, Leopold.

Ascanio en Alba fue estrenada en el Teatro Regio Ducal de Milán, Italia, el 17 de octubre de 1771. La música, arias y coros son preciosos, como es toda la música mozartiana. Tan buena resultó aquella obra de Mozart, que gustó mucho más al público que la ópera oficial del aristocrático casamiento, Ruggiero, compuesta por el consagrado compositor alemán de la época, Johan Adolph Hasse.

El autor del libreto de Ascanio en Alba fue el poeta también sacerdote italiano, Giuseppe Parini, con un argumento producto de su propia imaginación.

En el comienzo de la ópera de Mozart, Venus (la diosa del amor que en la mitología griega es Afrodita), aparece junto a su nieto Ascanio, el hijo de Eneas, mostrándole el hermoso lugar donde será construida la ciudad de Alba Longa.

Un coro de ninfas y pastores cantan y bailan preciosas melodías en honor de la diosa.

Venus dice a Ascanio que se casará con Silvia, una bella ninfa que es descendiente del héroe Hércules. Ascanio no conoce a Silvia, pero ella sí a él, aunque no sabe quién es, pues Cupido se le ha aparecido una y otra vez en sueños, con el rostro del hombre que habrá de ser su esposo.

Después de algunas peripecias románticas Aceste, sacerdote de Venus, organiza la boda de Ascanio con Silvia mientras las ninfas y los pastores entonan en coro deliciosas canciones propias del genio de Mozart. En un momento determinado Venus desciende del cielo, montada en una regia carroza y acompañada por las Gracias y los Genios.

Las Gracias son bellas divinidades femeninas, hijas de Zeus y Tetis, que suelen acompañar a Venus. Y los Genios son seres divinos secundarios que auspician los casamientos y bendicen el lecho nupcial, en el que se consuma el amor erótico y se produce la procreación.

Con esos testigos divinos se realiza el matrimonio de Silvia y Ascanio, quien fundará en ese mismo lugar la ciudad de Alba Longa. Su hijo, Silvio, será el segundo rey de la dinastía establecida por Ascanio, hasta llegar a Rómulo y Remo que fundarán Roma.

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí