¿Cómo llenar el vacío de poder?

Nicaragua sobrevive en un Estado fallido dado que no está en capacidad de asegurar el bienestar de su población, al no tener la capacidad de gobernar y porque elude su obligación de respetar los Derechos Humanos. Ante esta indefensión y la falta de acciones vinculantes y contundentes de parte de la comunidad internacional estamos obligados por la historia a actuar con sentido de urgencia.

Se trata a mi juicio de responder a las siguientes preguntas:

En un Estado fallido, ante un régimen ilegítimo de origen y de actuación, ante un presidente de facto incapacitado para gobernar, ante una rebelión cívica aplastada por la fuerza bruta de la represión: ¿Qué más tiene que hacer el pueblo nicaragüense para sacudirse con prontitud de un régimen con una actitud criminal?

¿Vamos a esperar que, a los asesinados antes, durante y después de abril se sumen los asesinados vilmente por exponerlos al contagio del Covid-19 dolosamente? ¿Podemos evitar la fatalidad a la que están sometidos los presos/as políticos?

¿Será que un régimen con ese nivel de criminalidad y de aferramiento al poder lo entregará mediante un proceso electoral, a como algunos organismos internacionales y una parte de la oposición cree?

¿Por qué organismos como la ONU, la OEA, el SICA creados con ese fin no hacen valer el derecho que tenemos los nicaragüenses a la protección universal y a la prevención de más genocidios contra el pueblo?

¿Qué ruta seguir cuando el Estado y el gobierno que debe protegerte más bien te quita la vida en un estado de sitio y de excepción de facto?

¿Será que hay que conformar un gobierno de transición con el apoyo de la comunidad internacional, o habrá que ir por los caminos de la Constitución tantas veces violentada por la tiranía y reformada a su medida?

Quizá la necesidad de sobrevivencia, de protegernos los unos a los otros, nos obligue por fin a ponernos de acuerdo en una ruta viable a seguir. Hacer a un lado el pragmatismo resignado, la cultura caudillista y los intereses presidencialistas para dar por fin el lugar a la nación, esa que al final somos nosotros mismos.

Hay que actuar con sentido de urgencia pasando del lamento y la victimización a la propuesta y a la acción concertada, hacer lo que nos corresponde para que por fin amanezca. Nadie lo hará por nosotros pues la ciudadanía es estos casos es indelegable. Es ahora.

La autora es licenciada en Ciencias Sociales, Master en Desarrollo e Integración Regional, Exiliada Política y Defensora de Derechos Humanos.

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