Con la recién declarada pandemia mundial sobre el llamado COVID 19 es importante
reflexionar -al menos para mí-, sobre los límites de la preocupación; establecer cuán cierta es
su letalidad, pero principalmente, cómo debemos actuar racionalmente, sin llegar a caer en
manos del pánico.
No deja de ser un hecho complejo el ver nuestra propia reacción ante el miedo, dejándonos
llevar por rumores y no por una investigación detallada y desapasionada sobre las
implicaciones de este nuevo virus, al que como en todas las épocas, el género humano la
vencerá, y el virus se degradará, al igual que los miembros anteriores de la familia
Coronavirus, que se volvieron estacionales, controlados por vacunas o con su letalidad
reducida al nivel de las gripes comunes.
Presento algunos puntos habiendo realizado una indagación en los sitios más calificados en
donde se está generando información de punta sobre el caso; a mi juicio, la Organización
Mundial de la Salud (who.int) y el Center for Diseases Control and Prevention (cdc.gov).
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1. ¿Cuáles son los síntomas de esta enfermedad? Tos seca, dificultad para respirar,
temperatura mayor a 38 grados, dolor en la garganta y en el pecho, entre otros como
vómitos.
2. ¿Cuál es la mortalidad verdadera del virus? Varía, pero en términos generales, es de
1.4 %, es decir, casi 1 y media personas por cada 100 contagiados; lo cual es, sin
embargo, 10 veces más letal que el de las gripes comunes. Importante sí tomar en
cuenta que este porcentaje de mortalidad es una referencia de países desarrollados
donde la atención médica es competente y articulada; es decir, esta tasa variará según
país, siendo las fatalidades directamente proporcionales a la robustez de cada sistema
hospitalario.
3. ¿Cuáles son los mayores grupos de riesgo? Cualquier adulto de 60 años o más que
contraiga este virus está en un nivel de riesgo considerado alto. Las personas con
precondiciones de salud tales como diabetes, padecimientos hepáticos, renales,
hipertensión, pulmonares, están definitivamente en una posición de mucho mayor
riesgo fatal, siendo la fase final típica una neumonía aguda.
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4. ¿Cuál es la principal fuente de contagio? El contacto que se origina con las
micropartículas de fluidos humanos. Hablar, toser, estornudar generan estas
micropartículas que son absorbidas por otras personas por las mucosas nasales, las de
la boca y las de los ojos. Estos fluidos están activos durante la interacción social, que
es cuando damos la mano a una persona contagiada o tocamos superficies que hayan
estado en contacto con un afectado, y que después nos tocamos alguna parte expuesta
de nuestras mucosas antes mencionadas.
5. ¿Cuánto es el tiempo de incubación de la enfermedad? Los síntomas se presentan
entre 5 a 14 días de haber estado en contacto con la fuente de contagio.
6. ¿Tiene cura el COVID 19? Ninguna. Cualquier antibiótico es ineficaz. No obstante, –
como todo virus- la afectación tiene su punto máximo, que una vez transcurridas dos
semanas, el cuerpo no vencido asimilará el virus, sobrevivirá y se volverá inmune.
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7. ¿Cómo prevenir el contagio? En Estados Unidos en vez de usar mascarilla en forma
masiva como en China, se ha enfatizado en guardar una distancia social de protección
de al menos seis pies (dos metros) -que puede ser todo un reto-, para evitar ser
alcanzado por las micropartículas. Hay que evitar necesariamente cualquier saludo de
manos u otras expresiones culturales nuestras que impliquen aproximación y contacto
físico.
8. ¿Existe una vacuna para el COVID 19? Ninguna. Hace dos días se probó la primera
vacuna experimental, la cual, en caso de éxito y siendo muy optimista, no estaría
disponible antes de 12 meses.
9. ¿Qué otra forma de protección existe? Lavarse las manos varias veces al día por al
menos un minuto con agua y jabón cualquiera, para desplazar el virus de las manos,
siempre evitando tocarse ojos, nariz y boca.
10. Los procedimientos efectuados en las empresas por el personal de limpieza, usando
debidamente su equipo de protección personal, deben ser replanteados y focalizados
en las partes de mayor exposición.
Cada uno de nosotros somos nuestra propia vacuna. Hay que pensar racionalmente y no
ser presa del pánico. Infórmese correctamente y actúe con racionalidad.