Nací en septiembre de 1951 y ya para entonces el Diario LA PRENSA tenía 25 años de fundado. Viví mi infancia justo al lado, puerta de por medio, de aquellos talleres que albergaban lo que más tarde, en sus interminables luchas contra la dictadura de Somoza, mi tío Pablo Antonio Cuadra bautizara como la República de Papel, quizás por la añoranza de la República que en nuestra historia y en nuestros sueños, hemos perseguido inútilmente.
Me acostumbré al olor a papel y tinta, y al rugir de aquella masiva rotativa que despertaba entre 4 y media y 5 de la tarde después de un corto timbrazo, como si fuera una locomotora que teníamos a nuestros pies, apenas puerta de por medio con la casa de mi abuela Margarita Cardenal de Chamorro, donde vivía con mis padres.
Hoy dos de marzo del 2020 LA PRENSA cumple 94 años de existencia, lo que la convierte en la tercera empresa más longeva del país, después de la Nicaragua Sugar Estates (Ingenio San Antonio) que cumple 130 este año y Casa Pellas que tiene 103 años.
LA PRENSA ha sobrevivido a muchas y duras vicisitudes, que incluyen dos terremotos, en 1931 y 1972 que destruyeron parcialmente sus instalaciones; el cierre y exilio de mis abuelos en 1944; períodos de censura durante varias épocas de los Somoza; el asesinato de su Director Mártir, mi padre Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el 10 de enero de 1978; y en los estertores de la dictadura de Somoza Debayle, un 11 de junio de 1979, la quema total de sus instalaciones.
Durante la primera dictadura sandinista, a inicios de los 80, primero la modalidad de cierres breves y desde el 15 de marzo de 1982, cinco largos años bajo censura previa diaria, hasta que finalmente el régimen la clausuró indefinidamente el 26 de junio de 1986, permitiendo su reapertura bajo los acuerdos de Esquipulas, hasta el 1 de octubre de 1987.
Durante la segunda dictadura de Ortega el Diario sobrevivió a 500 días de bloqueo comercial de papel, tinta y otros insumos, hasta que finalmente fueron liberados tras una gestión del nuncio apostólico, Stanislaw Waldemar Sommertag y la presión internacional.
El olor a papel y tinta y el rugir de la rotativa de LA PRENSA ha vuelto a sus instalaciones, para diariamente hacer honor al lema fundacional bajo su logotipo: “Al servicio de la verdad y la justicia”: dos pilares que han mantenido viva la llama de la empresa periodística más antigua del país y que hoy celebra sus 94 años con una misa de acción de gracias.
En un país que tiene muy pocas instituciones sólidas e independientes, LA PRENSA es un faro que señala el derrotero para el renacimiento de la República que soñó mi padre, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y que por un corto tiempo fue una realidad, bajo el gobierno democrático de mi madre Violeta Barrios de Chamorro.
El autor es directivo y ex codirector de LA PRENSA.