En la avenida diez de la ciudad de San José, capital de Costa Rica, se ubica el Centro Cristiano de Avivamiento, una pequeña iglesia evangélica a la que asisten unos 50 nicaragüense que han huido de la crisis de Nicaragua, y que ahí han encontrado apoyo para sobrevivir en el vecino país.
Pero no solo a las iglesias evangélicas están llegando los nicaragüenses exiliados y los nicas residentes desde antes de la crisis de abril del 2018, sino también a los templos católicos como el de La Merced, La Soledad y San Pedro, ubicadas en distintos puntos de San José, capital de Costa Rica, donde encuentran refugio espiritual y humano en una ciudadanía que se ha solidarizado con el dolor y sufrimiento de los compatriotas pinoleros.
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El Pastor Guillermo Cano, un ciudadano colombiano con más de 35 años predicando la palabra de Dios, es quien preside el Centro Cristiano de Avivamiento, a donde asisten unos 200 ciudadanos evangélicos de diferentes nacionalidades, entre ellos los 50 nicaragüenses que dejaron su patria porque eran víctimas de la persecución, encarcelamiento y amenazas de muerte por parte de civiles armados por la dictadura de la pareja presidencial de Daniel Ortega y Rosario Murillo, según sus testimonios.
Otros han llegado en busca de fuentes de trabajo que se vio afectado por la crisis sociopolítica y económica que surgió a mediados de abril del 2018, con las revueltas populares en contra del régimen de Ortega Murillo, los que reprimen con armas de guerra toda manifestación pública, causando la perdida de muchos empleos en el sector privado y afectando seriamente la canasta básica que se volvió inalcanzable para los desempleados.
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“Hace unos meses me vine a trabajar a Costa Rica, y todavía no encuentro brete (trabajo). Con mi esposa y nuestros dos hijos decidimos visitar el templo católico La Soledad, porque profesamos la religión católica, y entonces asistimos a las misas de la tarde y los domingos y nos alegró mucho ver que aquí vienen también muchos compatriotas nicas que están en las mismas condiciones que nosotros”, dijo Luis Felipe Vásquez Gutiérrez, quien asegura llegó procedente del departamento de León.
Según el Pastor Guillermo Cano más del 25 por ciento de los cristianos que asisten a su iglesia son nicaragüenses exiliados, “entre todos recogemos los domingos productos básicos que conforman una canastas de amor para ayudar a nuestros hermanos nicaragüenses que necesitan de una mano amiga. También gestionamos trabajos para los que llegan huyendo de su país, ya sea por la actual crisis o porque quedaron en el desempleo, y también les ayudamos con medicamentos y otras necesidades”, dijo.
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Uno de los nicaragüenses que asiste al Centro Cristiano de Avistamiento, iglesia que representa un alto porcentaje de la fieles de esta religión, expresó a LA PRENSA, que salió huyendo de Managua para salvar su vida, debido a que tenía amenazas de muerte y ya lo habían despedido de su trabajo.
Es un maestro que pidió no divulgar su nombre debido al resto de familiares que todavía viven en Nicaragua, pero relató que en una escuela pública lo obligaban a marchar a favor del gobierno y en determinado momento lo estuvieron obligando a actuar como fuerza de choque y debido a que se opuso a la manipulación que estaba haciendo el gobierno, lo despidieron y después vino una serie de asedios, ya que lo vivían amenazando por negarse a reprimir a los que el orteguismo llama golpistas.
Salvador Antonio Flores, de 31 años, dobla sus rodillas y pide el favor de Dios para que le vaya bien y pueda enviarle el dinero que necesita su familia que dejó hace tres meses en Estelí. Él trabaja junto a su padre en labores de albañilería en la capital de Costa Rica, lo que le permite enviar a su esposa el dinero para satisfacer sus necesidades y para la compra de un terreno.
“Por la crisis que se vivió, estuve desempleado unos ocho meses y aquí me ha ido bien porque estamos ganando algo y enviando a la familia”, relató Salvador Flores, quien junto a su padre asiste al Centro Cristiano de Avivamiento, donde permanecen instaladas cuatro banderas, entre ellas la nicaragüense, como una forma de reconocer la nacionalidad y honrar a los que ahí llegan en busca de ayuda espiritual, “aquí tenemos izada la bandera de Cosa Rica, Colombia, Nicaragua y la del pueblo de Israel”, dijo el Pastor Guillermo Cano, quien ha visitado nuestro país en varias ocasiones y conoce muy bien la crisis del nica.
“He tenido la oportunidad de participar en centros de oración cristiana y compartir con muchos hermanos nicaragüense su dolor y sufrimiento por la realidad que se vive en este vecino país. Nosotros oramos por los que huyen y por los que se han quedado, oramos porque Nicaragua cambie, porque es un hermoso país que tiene mucho que ofrecer y dar a sus ciudadanos”, indicó.
En Costa Rica, antes de abril del 2018, ya había medio millón de nicaragüenses residiendo y trabajando y después de la represión emprendida por Ortega, unos 80 mil ciudadanos nicaragüenses salieron en busca de refugio en esa nación que hasta el momento mantiene sus puertas abiertas.
Los que buscan refugio en Costa Rica, se sienten perseguido por la policía orteguista y simpatizantes gubernamentales de Nicaragua, pero otra gran parte de nicaragüenses, como Salvador Flores, andan en busca del trabajo que no encuentran en su país.