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Humberto Belli: “Debimos haber permanecido más tiempo como colonia de España”

El escritor de Buscando la tierra prometida explica que los nicaragüenses no conocen la verdadera historia de Nicaragua porque no nos la han contado bien

Por estos días, Humberto Belli anda muy contento. Acaba de publicar su libro Buscando la tierra prometida, donde repasa la historia de Nicaragua desde 1492 hasta el año pasado, 2018. Le satisface que ha sido bien recibido, una recompensa para él por los 20 años de investigación que realizó.

Sociólogo, de 74 años de edad, recibe a la revista Domingo en su casa en Carretera Sur, por el Incae. Ahí explica, con evidente entusiasmo, que a los nicaragüenses nos han contado mal la historia de nuestro país, que hay muchos mitos alrededor de varios episodios y que es muy importante conocer la época de la colonia española porque se pueden encontrar explicaciones a lo que hoy es Nicaragua.

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Belli, exministro de Educación, señala que en la actualidad aún viven entre la sociedad muchos personajes históricos de Nicaragua, como el autoritarismo de Zelaya y los líderes de la anarquía posteriores a la independencia de España.

El exministro de Educación Humberto Belli considera que Nicaragua no cuenta en su historia con proceres democráticos. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

¿Cómo ha pasado en estos días con la publicación de su libro?
Contento al ver la acogida que ha tenido, comenzando por los círculos más cercanos que me han pedido varios ejemplares. Mi ilusión es que la gente lo lea, que se instruya sobre lo que ha pasado en Nicaragua.

¿Qué diferente hay en este libro de lo que ya está en otros libros de la historia de Nicaragua?
Hay dos cosas, y una de ellas la resalta el doctor Ernesto Fernández, que hizo un comentario muy favorable, y es que tiene una gran objetividad y balance, que es ausente en la mayor parte en nuestros libros de historia. Muchos de nuestros libros de historia son propaganda. En el siglo pasado había un gran antagonismo entre los libros de historia de liberales y conservadores. Ahora tenemos los libros de historia sandinistas, pero que se preocupan más por promover su ideología que por retratar lo que auténticamente ha pasado en el país.

¿Qué nos garantizará a los lectores que en el caso de su libro no hay sesgos?
El lector va a poder juzgar. Yo acompaño mis afirmaciones con fuentes. He tratado de ser veraz basándome en hechos históricos, de obras muy serias, comparando a distintos autores, indagando cuando es necesario y he buscado, no solo dar información, sino que una característica distinta en mi libro es que busca analizar las causas de los acontecimientos históricos. Hay muchos libros en Nicaragua que lo que dan son datos, anécdotas y mucha información, pero no hacen análisis. Y uno no quiere solamente saber lo que pasó, sino por qué pasó. Y yo como sociólogo trato de entender el contexto de los acontecimientos, la psicología de los personajes y por qué actuaron en la forma en que actuaron.

En su libro usted llega hasta 2018, ¿tuvo todos los elementos para juzgar lo que está pasando?
Tiene algunos elementos, no tiene todos porque sería muy pretencioso decir que tiene un análisis completo de todo lo que ocurre. Pero creo que sitúo en el contexto más reciente los acontecimientos del año pasado.

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A su juicio, ¿qué provocó todo lo que ocurrió en el 2018?
Es la pregunta más difícil. En esto creo que hay que ser intelectualmente honesto. A todo el mundo, que yo conozca, lo que pasó el año pasado lo cogió de sorpresa. Un fenómeno extraordinariamente especial, inesperado. Se sabía que se estaban acumulando tensiones en la sociedad nicaragüense, que había una frustración creciente, que el dictador había demolido completamente el Estado de Derecho y las instituciones democráticas, pero ese grado de ira nacional, y sobre todo la gran participación juvenil y la forma masiva en que el estallido se desarrolló en toda la nación, fue algo que sorprendió a todo el mundo.


Sandino, que es el principal héroe político de la fuerza sandinista, que es una fuerza política fuerte en el país, no fue jamás un demócrata. De haber llegado al poder hubiera sido un dictador implacable”. Humberto Belli, exministro de Educación.


¿En la investigación sobre su libro encontró algo que explique Nicaragua?
Sobre todo en la primera parte. Considero importante que los nicaragüenses conozcamos nuestros orígenes. Es muy difícil entender a Nicaragua si uno no se va a los siglos XV, XVI y XVII, a entender lo que fue la Colonia, a lo que fue el mestizaje, lo que fue el centralismo español, cómo eso fue marcando profundamente nuestra cultura. Yo por eso les insisto a los lectores, no omitan la parte primera, que es desde la venida de Colón hasta la independencia de Nicaragua. Ahí está el secreto de nuestra cultura política en gran parte.

¿Qué personajes de la historia de Nicaragua cree que viven en la actual sociedad nicaragüense?
Muchos de ellos. Pareciera que siguen estos personajes marcando la historia. Los Somoza siguen reeditados en una versión peor. Zelaya sigue también presente, el afán autoritario. También los líderes de la parte de la anarquía, a comienzos de nuestra historia independiente. Toda esta tradición sectaria, emocional, con esa tendencia a poner el partido por encima de la nación es algo que nos ha venido acompañando por demasiado tiempo.

Si antes eran los conservadores y liberales, ahora ¿qué tenemos en Nicaragua?
Ahora se ha reducido a una oposición antiorteguista y a Ortega. Ahora no tenemos un antagonismo ideológico, sino más bien un rechazo de una población a una dictadura que está reeditando lo peor del pasado.

Volviendo a su libro, ¿por qué el título Buscando la tierra prometida?
Igual que los israelitas erraron por el desierto durante 40 años en busca de la tierra que Dios les había prometido, en el fondo todo pueblo, toda nación, es un peregrinar de una colectividad hacia tierras mejores, lo que aspira toda ciudadanía en todas partes del mundo es llegar a una tierra donde haya paz, respeto al derecho, prosperidad. Es en el fondo lo que buscamos y lo que los políticos suelen prometer.

La Biblia dice que los israelitas vagan por culpa del pecado, ¿en el caso de Nicaragua?
En ese retraso para entrar en la tierra anhelada, hemos nosotros arrastrado pecados, individuales y colectivos. Tenemos fracturas serias en nuestra ética. Yo he dado el ejemplo de cómo hechos delictivos cometidos por Ortega y por Alemán, en otros países del mundo los hubieran arruinado completamente en su vida política. El incidente que tuvo Ortega con su hija Zoilamérica, los robos de Alemán, eso hubiera destruido el prestigio político de cualquier presidente en cualquier país democrático del mundo. Sin embargo, en Nicaragua ellos conservaron bastante su clientela política y la fidelidad de sus bases. Somos un país que somos lapsus ante la inmoralidad. Mentimos con facilidad. Hacemos maniobras deshonestas con facilidad. O sea, tenemos muchos defectos como nación que si no los corregimos, y no nos empeñamos en un cambio personal, vamos a seguir reproduciendo los capítulos tristes de nuestra historia.

¿Y cómo nos han contado la historia de Nicaragua?
Muy mal contada. Por ejemplo, ahorita los diputados del Frente Sandinista acaban de hacer una moción para elevar a rango de héroes nacionales a algunos personajes, entre ellos el padre Tomás Ruiz y alegan que Ruiz luchó contra el oscurantismo, la opresión, la esclavitud y la violencia salvaje represiva de la Colonia. Esa es una distorsión completa de nuestra historia, querer representar a los españoles y a la Colonia como un periodo negro de pura opresión y luego a los liberadores como los que nos iban a romper las cadenas. Si nosotros analizamos con frialdad la historia colonial, vemos que por un lado hubo mucha paz. Los indios, como dijo en un estudio muy bueno José Coronel Urtecho, disfrutaron mucho la paz, incluso la amistad con el rey de España. Había en Nicaragua ciudades magníficas, León era una de las ciudades más hermosas de toda América Latina. Granada también era famosa por su belleza. Vino la independencia y en 33 años, desde 1921 hasta 1956, Nicaragua tuvo seis guerras civiles, 33 jefes de Estado, cuatro de ellos asesinados. Desbaratamos Nicaragua. Quedó quemado León, quedó quemada Granada. El tipo de opresión, desastre y sangre que vino después de la Colonia fue mucho peor. Yo creo, y es una afirmación atrevida, que debimos haber permanecido más tiempo como colonia de España. Era prematuro, no había las condiciones mínimas, sociológicas ni culturales para independizarnos, no teníamos tradición democrática, no teníamos un Estado medianamente construido. Teníamos una cultura emotiva, analfabeta, es decir, no había las condiciones mínimas que en otros países han permitido la existencia de la democracia.

En su juventud, Belli fue marxista y practicó nudismo, pero luego se convirtió al cristianismo, en 1977. LA PRENSA/ ÓSCAR NAVARRETE

¿Y cuando fue ministro de Educación vio todas estas debilidades en el estudio de la historia de Nicaragua?
En Estados Unidos yo había sacado un libro, donde estuve exiliado ocho años, que se llamó El rompimiento de la fe, que fue el conflicto Iglesia-Estado en Nicaragua. Entonces ya tenía cierto conocimiento fuerte del capítulo del sandinismo, de la Teología de la Liberación, de la participación de los cristianos revolucionarios, y luego al venir a Nicaragua, en 1990, le fui ampliando los antecedentes de este episodio, hasta que dije mejor voy a escribir un libro de historia completo. Es algo que me ha llevado más de 20 años de mucha lectura, de mucho pensamiento.

¿Pudo ayudar a que se mejorara la enseñanza de la historia?
Contratamos al doctor Germán Romero, quien hizo un libro de historia bastante decente, cortito, para los muchachos de primaria y secundaria. Fue objetado por el Frente Sandinista. Doña Violeta en un momento, yo diría de cierta debilidad, lo mandó a retirar y después ya no siguió circulando en los colegios.

¿Y por qué lo vetaron los sandinistas?
Porque decía la verdad. El doctor Romero, que es un historiador profesional, expresaba lo que había ocurrido. Hablaba de la piñata, del autoritarismo que hubo durante la revolución sandinista, el rompimiento de las leyes, la concentración del poder, la dictadura del partido.

¿Hicieron algún análisis de cómo enseñaban la historia los sandinistas durante los años ochenta?
Era una historia sumamente sectaria, donde se repetía lo mismo. Al imperio español se le presentaba como una fuerza totalmente negra, despiadada. Luego, se exaltaba a Sandino sin ver las flaquezas que tenía este personaje y hubo historiadores, como Jaime Wheelock, que presentaba gran parte de la historia de Nicaragua como una resistencia indígena continuada contra el opresor, lo cual es falso, no tiene pies ni cabeza. Más bien Nicarao, que es uno de los personajes que ahora se quiere exaltar como luchador contra el imperio español, lo dice textualmente la carta de los diputados, jamás luchó contra el imperio español. Nicarao fue un cacique que se sometió amablemente al imperio, que se dejó bautizar y bautizó a su tribu y que entró en buenas relaciones con los conquistadores. Nos han hecho creer una historia de corte marxista, donde tenemos a unos opresores que vinieron de afuera y aplastaron a unos indios humildes y que luego vinieron los Estados Unidos a saquearnos nuestro país, a destruir nuestra institucionalidad, cuando no fue así.

¿Cómo fueron las intervenciones de Estados Unidos?
Es otro capítulo muy distorsionado en nuestra historia. Si bien vinieron los norteamericanos en tres intervenciones, el afán de ellos, sobre todo en la última intervención, fue estabilizar el país. No vinieron en plan de explotar Nicaragua, vinieron en plan de estabilizar una zona de la geografía cercana que les preocupaba que estuviera en agitación continua por la cercanía al canal. Y más bien lo que hicieron en Nicaragua fue tratar de establecer un ejército apolítico y un sistema electoral limpio y libre. Eso no funcionó por culpa de nosotros los nicaragüenses, porque apenas se fueron los norteamericanos, el primero que aprovechó la ida de ellos fue Emiliano Chamorro que dio el famoso Lomazo. La Constabularia, que es un ejército que se había construido con el afán de hacerlo apolítico, él lo volvió a politizar. Luego vino la guerra constitucionalista. La intervención norteamericana, que culmina en cierta forma con el Pacto del Espino Negro, donde las fuerzas liberales y conservadoras se ponen de acuerdo para hacer la paz y buscar la solución de sus problemas con las elecciones. Ahí los Estados Unidos establecen un sistema electoral y tenemos la primera elección verdaderamente libre de nuestra historia, en 1928, terminada la guerra.

¿Entonces la lucha de Sandino no tuvo razón de ser?
Cuando se firma el tratado del Espino Negro están dos bandos en lucha, conservadores y liberales, peleando a muerte por el poder. Entonces lo que propone Stimson, el jefe de la delegación norteamericana es, en vez de estarse matando ustedes en la guerra, ¿por qué no tienen elecciones libres? Nosotros los vamos a supervisar y el que gane accede al poder. Me parece que era una alternativa razonable. La otra era seguir la guerra. O tener elecciones supervisadas por nicaragüenses, lo cual no podía ser. No había ningún grupo nicaragüense que pudiera garantizar que las elecciones iban a ser limpias porque el país estaba totalmente polarizado entre liberales y conservadores y teníamos una tradición de robos electorales. Esa oferta de Stimson fue aceptada por 14 de los 15 generales de Moncada, que eran héroes que habían luchado en el campo de batalla por el partido Liberal. El único que no lo aceptó fue Sandino, pero no fue en primer lugar porque los norteamericanos fueran a supervisar las elecciones, sino porque iba a tener que quedar Adolfo Díaz de presidente interino en un periodo. Él, incluso, hizo una carta al ejército norteamericano pidiendo que no fuera Díaz el que estuviera de presidente sino un jefe norteamericano presidiendo las elecciones.

¿Qué puede decir de Sandino en sí?
Sandino tuvo otras características, que es importante que se conozca. Ni Sandino ni Zelaya… Sandino, que es el principal héroe político de la fuerza sandinista, que es una fuerza política fuerte en el país, no fue jamás un demócrata. De haber llegado al poder hubiera sido un dictador implacable. Zelaya, el gran héroe de los liberales, tampoco fue demócrata. No tenemos próceres demócratas en nuestro país. Yo quisiera que, en lugar de que se exaltara a los líderes que han hecho muchas guerras, se exaltara a los líderes que han trabajado por la democracia, pero tenemos un desierto en ese sentido en Nicaragua. Y otra característica de Sandino que no se quiere mencionar es que era sumamente cruel.

¿No diría nada bueno de Sandino?
Su capacidad organizativa, su persistencia. Se le puede reconocer que fue valiente, se decidió a enmontañarse en medio de grandes dificultades. Pero también hay líderes muy dañinos que han sido valientes, como el caso de Hitler, que era un patriota en el sentido que luchaba por Alemania y luchó hasta la muerte, pero eso no lo hace benéfico para su país.

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