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El ocaso de las dictaduras

Todos los regímenes se mueren. Algunos precipitan su fin mediante rebeliones pacíficas, otros, por formas violentas; los menos, por renuncias por conciencia y vergüenza. Nicaragua, no recuerdo que alguna vez haya sido de modo pacífico o por renuncia.

La muerte natural de las dictaduras tiene tanto de orígenes de pecado original, como de dinámica natural de la naturaleza; sea: nacer, vivir y morir.

Toda dictadura es una sobrerreacción a lo establecido. Las de izquierdas, según nuestro lego, nacen posterior al oscurantismo de la Edad Media y sus primeras raíces están en el Renacimiento, época de la creación de las ciencias políticas modernas.

El Renacimiento es una bisagra intelecto-social en la historia. Desde entonces, la dinámica social se potencia con el devenir de lo científico; consistentemente, crecen expectativas por bienes, conocimiento y cultura y, sobre todo, de identidad personal. El fructífero desarrollo intelectual de esa época, que continúa hasta nuestros días, cedió su importancia social ante los beneficios económicos que consigo trajo la posterior Revolución industrial. Esa época exacerbó las diferencias sociales coincidentes a su término, con los manifiestos de los prusianos C. Marx y F. Engels a mediados del siglo XIX. La dinámica generacional posterior produciría giros sociales polarizados.

El socialismo, de economía centralizada, y su máximo expresión el comunismo de asambleas populares, entonces nacen y se disputan nuevos lineamientos sociales. La convulsión inminente provoca grandes guerras y se construye el primer estado comunista en Rusia. Hoy día, si bien esas causas no pierden importancia, han perdido prominencia como antaño fueron detonantes de rebeliones del siglo pasado, que algunas persisten como épicas y cuasi románticas; las razones, la influencia en las nuevas generaciones de la globalización del conocimiento y el comportamiento social en cada rincón del mundo, a través de las redes sociales y el internet, como, la evolución de la economía liberal, abriendo un abanico de oportunidades laborales y logros personales socialmente vinculantes; crecen las democracias participativas.

La sana política que procuran las actuales generaciones, mayor que las precedentes, a pesar de ciertas indiferencias de los milleniums están creando convergencias hacia la productividad sin descuidar el bien social. Los regímenes dictatoriales pierden piso y se desgranan. La añoranza política de izquierda por el “hombre nuevo” se desvanece; tomará tiempo para guardarlo en el baúl de la historia, pero cierto también, han perdido presencia en Ecuador, Perú y con mucha convulsión, en Bolivia y en Chile.

El autor es ingeniero civil.

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