Impulsado por su imponente espíritu combativo y una determinación que hizo honor a su historia, los Leones de León han regresado a la cima del beisbol nacional y quizá no será fácil bajarlos de ahí.
En una Final que resultó un monólogo impresionante, los Leones fueron mucha pieza para un Bóer que nunca le encontró la vuelta a la serie y que por el contrario, lució como desorientado.
Los melenudos lucieron tan incontenibles y mostraron tal impresión de seguridad, que las victorias les resultaban cómodas, mientras desataban una algarabía constante entre sus seguidores.
El Bóer por el contrario se mostró pequeño, más de lo que en realidad es y eso tuvo que ver con su respuesta en el momento cumbre. En cada juego fue golpeado al inicio y no pudo reponerse.
León fue un equipo en el sentido estricto del término. Hizo lo que necesitaba a cada momento. Tocar la bola, dar un jonrón, robar una base o hacer la atrapada, mientras el picheo mostraba su clase.
Este equipo, que es joven, brillante y bien construido, fue además bien dirigido por Sandor Guido, cuyo nivel de liderazgo es notable, pero a la vez, dispone de una gran fortuna, factor clave en el juego.
El Bóer su lado, no ha vuelto a ser el equipo fiable de otras épocas y menos con lo mal gestionado que ha sido por su directiva, generadora de gran inestabilidad en el entorno y más aún en la Final.
Los felinos por su lado, no tienen las figuras legendarias de otras épocas, pero el equipo está lleno de talento y no va a ser tan fácil bajarlos de la cima, menos ahora que han probado las mieles del éxito.
León ha ganado con toda legitimidad. Es un gran campeón. Indiscutible, pero la Serie Final no colocó la realidad al nivel de las expectativas y todo por culpa del Bóer, que no hizo su parte.
Por ahora, los Leones celebran y se alistan para intentar una dinastía, mientras el Bóer se enfoca en su futuro.
Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR