Per secula-seculorum se escuchará el poema hecho oración del poeta que amó su tierra y clamó de lo más profundo de su ser: “Si la Patria es pequeña, uno grande la sueña”.
En el ocaso del 2017 escribí: Nuestra humanidad se resigna de manera atávica a cargar con todos los genes mutantes que la desnaturalizan, como la indiferencia ante el dolor del congénere, el desprecio al que es diferente, la intolerancia con quien piensa distinto, el doble discurso y la patraña para prevalecer y la prebenda para inclinar decisiones. Nuestro país no ha sido la excepción de una sociedad que va perdiendo sus valores”.
Con la crisis nacional hemos visto como ese lastre moral de antivalores subió a la superficie. No pretendo en este escrito hacer un recuento de lo acontecido. Sí, asomarme a la interioridad de nuestro pueblo y hurgar en sus raíces. Todo este drama sociopolítico ha hecho ver rasgos sobresalientes que deforman la “flor más linda de mi querer”: la mentira, la intolerancia, el yoquepierdismo, la pseudo-religiosidad.
“Mentid, mentid que después de todo algo queda”, ha aflorado como herramienta para evadir responsabilidades; se ha mentido a todos los niveles y escenarios, evolucionando al descaro, con el perjurio y la injusticia como subproductos.
Intolerancia: “Siempre tengo la razón… no hay espacio para otro”. Este rasgo desentraña nuestra falta de buena voluntad y sin ella no se llega a ninguna parte. Yoquepierdismo o a lo nica el vale v… repugnantes subproductos de este rasgo, son la indiferencia ante el sufrimiento del prójimo y la injusticia, justificada con aquello de “mientras yo esté bien, no importa lo que pase”.
Pseudo-religiosidad, entendida como la creencia en supersticiones, talismanes, conjuros, santería y la manipulación de la Palabra de Dios proclamando verdades que se contradicen con nuestro actuar, llamándonos católicos y desconociendo el mensaje de la Iglesia en favor de quienes sufren, caemos en esa falacia, cuando pretendemos encasillar a la Iglesia como ideología, negando su verdadera etimología, (Eclessiam: Asamblea, Pueblo de Dios). La falacia religiosa es grave, trasmuta valores y principios adquiridos a través de la fe, presentando lo negro como blanco, que el talismán garantiza la protección divina, que lo importante es mencionar a Cristo y no vivir en Cristo, que se puede profanar templos, ofender y hasta matar y a la vez presentarse en la iglesia aparentando piedad porque al fin y al cabo la religión resulta ser un medio de prevalecer.
“ISIS” justifica sus crímenes a civiles, diciendo que sus fines justifican los medios. El trabajo es duro, hay que hacerlo. Emprender una reeducación que empiece en nosotros mismos y se proyecte desde la cuna hasta la tumba; solo así construiremos una nación digna, esplendorosa, respetuosa de Jesucristo y de su prójimo.
El autor es médico.