Las declaraciones del general Avilés

El comandante en jefe del Ejército de Nicaragua, general Julio César Avilés, habló el miércoles de la semana pasada ante una audiencia de militares y directores de medios de comunicación, la mayoría oficialistas, y se refirió a temas candentes del debate nacional en la crisis sociopolítica que sufre el país desde el 18 de abril del año pasado.

Es bueno para Nicaragua y sano para la institución militar, que su jefe se comunique con los ciudadanos a través de los medios de comunicación. Debería hacerlo a menudo y responder preguntas de los periodistas independientes —los verdaderos periodistas— sobre asuntos que son del máximo interés nacional.

La audiencia del pasado miércoles 24 de julio fue una reunión informativa sobre la celebración del 40 aniversario del Ejército, que se cumple este año. Sin embargo el general Avilés habló también de algunos temas que han sido muy controversiales, relacionados con el comportamiento de la institución militar en la crisis de gobernabilidad que sufre el país.

Avilés habló sobre todo de los “paramilitares”, como llaman muchas personas a los civiles equipados con armas de guerra que han participado en la represión gubernamental más violenta contra los tranques y las protestas pacíficas de los ciudadanos autoconvocados.

El jefe del Ejército rechaza que se llame paramilitares a esos grupos irregulares armados, porque según él no tienen ninguna relación directa ni indirecta con la institución militar del Estado. A nuestro juicio tiene razón el general Avilés. Lo correcto es llamar parapoliciales a los asesinos que integran las bandas armadas que defienden y sostienen a la dictadura. Así los han calificado los organismos internacionales de derechos humanos y este es el concepto que por mayor exactitud y profesionalismo usamos nosotros para referirnos a ellos.

El general Avilés explicó que por ley no le corresponde al Ejército desarmar y disolver a esos grupos de civiles armados y dijo que hay quienes consideran que el Ejército “debe enrumbar a la nación”. Aseguró el jefe militar que “con ese planteamiento lo único que pretenden es arrastrar al país a un mayor caos” y denunció que “ha habido una campaña brutal” contra el Ejército. De esto el general Avilés no culpó a nadie en particular, pero advirtió que el Ejército sabe quiénes están detrás de tal campaña.

Es posible que haya gente interesada en desacreditar al Ejército, pero su alto mando debe reconocer que también ha habido críticas y demandas razonables de los ciudadanos, ajustadas a la misión constitucional de la institución armada. No es suficiente hacer llamados aislados al diálogo y a una salida pacífica del conflicto; el Ejército debería tener una posición más proactiva en la búsqueda de una solución democrática de la crisis sociopolítica de Nicaragua.

Como hemos dicho en otras ocasiones, el alto mando militar podría, si quisiera, persuadir a Ortega para que acuerde con la oposición un plan de transición constitucional y ordenada, de regreso a la democracia y el Estado de derecho.

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