Por tanto tiempo la política institucional, esa que tiene que ver con los partidos políticos, las instituciones del Estado y la gestión de los asuntos de interés público, ha sido acaparada por políticos tradicionales que, en muchos de los casos, han dejado de representar a la gente para representarse a sí mismos. El FSLN se fue convirtiendo en la expresión paradigmática de esta oligarquía política.
Tal secuestro de la política solo generaba que los jóvenes nos sintiéramos decepcionados de ese ámbito de acción y que buscáramos en otros espacios las maneras de incidir.
La insurrección de abril ha empezado un cambio radical en el interés de la juventud por la política institucional.
Aquellos/as jóvenes que hoy luchan contra la dictadura desde la calle ya no les basta con ejercer un poder de veto sobre estos y los próximos representantes. La juventud también será gobierno.
Que los liderazgos surgidos de abril puedan llegar a asaltar las instituciones del Estado es muy probable, sin embargo esto no los exime de estar subordinados a los viejos yugos de políticos tradicionales y ser vistos simplemente como la “juventud” de alguna fuerza política.
Sacar a Ortega del poder a través de vías constitucionales nos permite salir de la expresión más notoria de esa política rancia, pero no es suficiente. Debemos, así como avanzar en eliminar la idea la figura del “rey” como garante del orden, la estabilidad y la seguridad para no permitir se reproduzcan más dictaduras, acabar con el adultismo complaciente al que los mismos jóvenes le hacemos el juego, creyendo que solo los políticos “experimentados” pueden llegar hasta el final.
Es fundamental dar un salto organizativo en la labor política de la juventud, o al menos empezar a plantear la inquietud tan necesaria de un vehículo político propio, joven y dirigido en gran mayoría por jóvenes. Es momento que nos vayamos planteando la idea de un partido político que regenere la política y, sobre todo, que ilusione y le de esperanza a la gente de que si se puede construir una Nueva Nicaragua, una mejor.
Esto no quiere decir que los espacios de confluencia tales como la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) y la Unidad Nacional (UNAB) no deben seguir fortaleciéndose, al contrario, la unidad de los jóvenes en un vehículo que los represente puede generar más orden y operatividad en la coalición que dispute el poder contra Ortega en elecciones anticipadas.
Es claro que la construcción de dicho partido es condición de las reformas electorales que se implementen producto de las negociaciones y del restablecimiento de los derechos constitucionales de la ciudadanía.
Jóvenes ¡la política es nuestra! ¡El futuro es nuestro!
El autor es estudiante de Sociología. Participó en el Diálogo Nacional.