El señor Presidente por sí solo no puede resolver los problemas socio-políticos que como sombras tenebrosas nos acechan, y amenazan con socavar las bases del futuro de nuestra nación. Apelar a la fuerza nos crea la percepción de una falta de racionalidad del Presidente o de los que mal lo aconsejan. Decía Nelson Mandela, que había que encontrar una manera de trabajar juntos para resolver los problemas creados. Esto es cierto en nuestro país, donde pululan exguerrilleros angelicales transformados en gendarmes y que aún se quitan las botas debajo de sus escritorios. Para Mandela, la cárcel fue la universidad que le permitió evolucionar espiritualmente y soñar con una sociedad libre y democrática. La cárcel ilumina a unos pero a otros los ensombrece de cicatrices como los sauces en ruinas, apagándoles su voz y taponándoles sus oídos.
Adam Kahane, facilitador de procesos de diálogos para lograr la paz en países con problemas complejos, decía que la buena comunicación engendra milagros, pero poca gente conoce el privilegio de soñar colectivamente. Existe una urgente necesidad entre los nicaragüenses de abrir diálogos sinceros, amplios y honestos, reconociendo y corrigiendo errores y que la salida más adecuada no es tratando de destruir a toda una nación para conservar privilegios, sino transformando nuestra manera de razonar para buscar la paz sobre las bases de la justicia.
La reticencia al diálogo a veces es porque no hemos aprendido a escuchar, y si abrimos nuestros oídos es para escuchar solo lo que queremos en medio de las alabanzas y los inciensos que nos hace sentir sublimes, cuando la realidad es otra. En las polis griegas, los ciudadanos se reunían a escucharse, a hablar, desde los problemas más simples hasta los más complejos. Los diálogos sobre la libertad e independencia eran esenciales para las polis, y para nosotros también.
El expresidente de Colombia y premio Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos, cuenta una experiencia como escuela de aprendizaje para todos los países en conflicto por el surgimiento de sociedades altamente polarizadas e intolerantes. En el año 2007, siendo Santos ministro de Defensa, menciona que participó en una reunión moderada por Kahane, en Bogotá, donde estaban personalidades representativas de todos los sectores sociales. Dice que al entrar Aida Bella, combativa dirigente de izquierda y al ver sentado en la mesa a Víctor Carranza, le preguntó: “Doctor Santos: ¿Usted pretende que yo me siente con ese señor que me ha mandado a matar en cinco ocasiones?” Y él le contestó, “Aida, pues para que no la mande a matar la sexta, vaya y siéntese”. Y se sentó.
Los nicaragüenses para crear nuestras propias realidades tenemos que sentarnos a dialogar, tenemos que escucharnos reflexivamente más allá de nuestras voces interiores llenas de odio o de dolor y decir: ¡basta ya! que una nueva Nicaragua es posible. Vale la pena intentarlo otra vez por el bien de todos, mientras tanto esperemos que los mudos hablen y los sordos escuchen y sigamos proclamando la justicia y la paz.
El autor es médico.
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