Bayardo Ortiz Pérez (1933-2017), bailarín y maestro de generaciones, fue un gran estudioso del folclor e historiador de las costumbres, tradiciones y fiestas patronales de la antigua Managua. Además divulgó incansablemente la idiosincrasia y el rescate cultural de esta expresión nicaragüense.
Sus huellas quedaron en muchas partes. Fundó el Galerón de la danza, el que actualmente dirige su continuadora Iberahi Jarquín Ríos; asimismo se le reconoce por su ensayo sobre nuestro folclor que realizó en coautoría con su hija Indiana Ortiz y en los recientes años se encontraba preparando una investigación folclórica más amplia.
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Ver bailar a Bayardo Ortiz causaba sorpresa por su gran habilidad y gracia; exhibía su elegancia, su zapateo, su saludo, esto sugería un «realismo mágico», cautivante.
“Folclor es evolutivo”
Esto lo hacía ver como un maestro del folclor, un magnífico ejecutante de la danzas, logro posible porque fue un gran apasionado y estudioso.
En una de mis tantas conversaciones con Bayardo, le preguntaba si con tantos directores, esta disciplina artística se ha desvirtuado. Y este me comentaba que “existía algo de eso”, porque se desvirtuaba y hacía mofa de piezas como El viejo y la vieja o El palo de mayo.
No obstante, este maestro reconoce que el “folclor no es estático, sino evolutivo”, pero advertía que debíamos diferenciar entre transformación con calidad y creatividad y deformación. Por eso instaba a “estudiar el folclor para poder fusionar técnicas y tradición”.
Otra de mis interrogantes era saber por ¿por qué a la juventud no gusta del folclor? A lo que me respondía que el “gusto por el folclor se debía de enseñar desde la niñez”.
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Al respecto, también señalaba que hoy en día los niños conocen del folclor solo en fechas especiales, pasadas estas fechas es olvidado. Y consideraba que su difusión es clave, por lo que se debía de transmitir sus conocimientos sobre el folclor y nuestra esencia de ser nicaragüenses.
En su legado o bien en las huellas que nos dejó, Bayardo proponía enseñar la cultura que nos legaron nuestros antepasados indígenas junto a la fusión o encuentro con el español, que derivó un interesante mestizaje, el cual ahora nos identifica.
Recuerdo que me expresó con entusiasmo: “Muchas veces siento que el folclor es ocupado únicamente como relleno. Pero el folclor nunca se perderá”.
Máscaras y trajes
Las máscaras y el porqué de su uso son un tema que he estudiado, al igual que lo hizo este maestro e investigador. Y me recordaba que no en todos los bailes se usan máscaras, pero han sido esenciales en las puestas en escena de El Güegüense, Baile de negras o El Torohuaco, y que algunos grupos han perdido esta atractiva tradición.
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La máscara es un accesorio importante, es tomar un rostro, adoptarlo al propio comportamiento y hacerse pasar por otro.
En cuanto a los trajes típicos, señalaba los cambios o la renovación, pero que debía hacerse con cuidado y oficio. Y se refería a sus inicios en 1954, cuando se fundó la primera Asociación Folclórica Nacional.
Esta tenía el propósito de crear el traje regional representativo de Nicaragua, pero esto se cristalizó hasta que la señora Sofía Solórzano de Ocón lo diseñó en 1964.
“A mi parecer, el traje nacional es el que lleva la enagua trapeada”, sostenía Bayardo. Hoy en día algunos trajes son más vistosos.
*Bibliotecario e investigador cultural