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Salud sin Bulos, combatir las mentiras en la red

"Gran parte de los bulos de internet se refieren a la salud porque es un sector que afecta al ciento por ciento de la población y en el que es fácil difundir noticias no veraces”

Salud Sin Bulos es una iniciativa lanzada a principios de año por la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES), en colaboración con la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) y diversas sociedades científicas, además de organizaciones de pacientes y el sector de los profesionales sanitarios.

Se presenta como “Observatorio de los Bulos de Salud en Internet” y cuenta con secciones como Medicamentos, Cáncer, Alertas, Vacunas, Donaciones y Nutrición, entre otras y con apartados como “Denuncia un bulo” o “Detrás del titular”, que analiza con rigor el alarmismo de los medios de comunicación con titulares carentes de precisión, exactitud o contextualización.

Esta plataforma se pregunta: ¿Por qué se difunden tan rápido los bulos de salud? A su juicio, la facilidad para crear cuentas en redes sociales y las lagunas legislativas propician este tipo de delitos informáticos, que obligan al usuario a estar muy alerta al navegar en la red.

Salud Sin Bulos establece tres tipos de motivaciones a la hora de crear un bulo: perjudicar a un tercero y sacar provecho del desprestigio de otro; mensajes que llevan implícito y oculto el interés real de quien los lanza; y fomentar la alarma social.

Los responsables de esta plataforma, tras estudiar la situación, han llegado a la conclusión de que existe exceso de información de salud en la red con gran parte de ella errónea (infoxicación).

Los colectivos que participan en Salud Sin Bulos opinan que los contenidos “online” de salud deben ser objetivos, veraces, contrastados, divulgativos, e incluir fuentes oficiales, declaraciones de profesionales sanitarios y testimonio de pacientes.

Ejemplos de bulos en la red

Algunos de los bulos recogidos en esta web que circulan por internet llevan títulos como “el tomate cura el cáncer”, “el gin tonic ayuda a combatir los efectos de la alergia”, “el zumo de patata cruda y el dolor de espalda”, “calentar en recipientes plásticos produce cáncer”, “el alcohol ayuda a hablar idiomas”, “el bulo de las vacunas y el autismo” o “las mujeres con mal carácter son más inteligentes”, entre muchísimos otros.

“Gran parte de los bulos de internet se refieren a la salud porque es un sector que afecta al ciento por ciento de la población y en el que es fácil difundir noticias no veraces”, advierte el doctor Sergio Vañó, presidente de la Asociación de Investigadores en eSalud.

Vañó, dermatólogo del hospital Ramón y Cajal de Madrid, explica que las áreas más susceptibles de producir bulos son oncología, nutrición, pediatría y dermatología estética; y aconseja a los usuarios que “cuando vean una noticia que parece dar solución de forma rápida y sencilla a un problema de salud importante que llevan tratando muchos años, piensen que puede ser falsa”.

“Oír un determinado bulo muchas veces en diferentes medios, al final, hace que cale y que la persona lo pueda dar por cierto”, alerta este especialista.

El miedo alimenta los bulos

El coordinador de Salud Sin Bulos, Carlos Mateos, afirma: “Los bulos han existido siempre. Sin ellos no habrían existido magos y vendedores ambulantes de crecepelo. Lo que sorprende es que en la era de internet, con el acceso a fuentes e información científica sin restricciones, no solo sigan propagándose, sino que lo hagan con mayor velocidad y frecuencia”.

“Estas fake news —prosigue Mateos— tienen más facilidad para extenderse en salud que en otros ámbitos porque apelan a emociones básicas como el miedo, que se cristaliza en alarmas sobre alimentos y productos cotidianos; y la esperanza, en remedios milagrosos para prevenir o curar enfermedades que aún nos dan pavor, como el cáncer, la patología con más noticias falsas”.

“Pero también se difunden con facilidad porque su contraste es difícil en muchas ocasiones, por la baja cultura científica de la población”.

El coordinador del proyecto añade: “Los bulos que mejor funcionan son aquellos que tienen apariencia de verosimilitud, que incluyen una aparente fuente de prestigio, y que ofrecen una explicación razonada con elementos que apelan al sentido común o parten de elementos de veracidad”.

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