Continuando con su reflexión nos dice el señor Mántica:
Escuchadas fuera de contexto, las palabras de Cristo suenan a reproche: “Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?” Pero, ¿es este su mensaje para nosotros?: ¿puro reproche por nuestras omisiones o fracasos? Para verlo más claro, me gustaría reconstruir con ustedes la historia completa de esa noche tan llena de luz y de tinieblas:
“El Señor ha mandado a sus apóstoles subir a la barca e ir por delante a la otra orilla. Es lo que nos ha mandado a nosotros los cristianos. Un día subimos a la Barca de Pedro y hemos ido delante preparando sus caminos”.
“Pero ahora es de noche y la barca es zarandeada por las olas pues el viento —dice la Escritura— ‘era contrario’. Y a la cuarta vigilia de la noche el Señor vino hacia ellos y en esa oscurana les pareció un fantasma. A la sombra del temor, las noches se llenan de fantasmas y aunque los apóstoles son hombres valientes ahora gritan llenos de miedo”.
“Son pescadores experimentados y están siendo zarandeados por el oleaje y el viento, pero ninguno grita aterrorizado hasta que empiezan a ver fantasmas”.
“También en Nicaragua hay hoy mucho miedo entre la gente, y nuestras noches se llenan de fantasmas imaginando todo lo que nos puede suceder. Algo parecido les pasó a los apóstoles. El Señor que pocas horas antes diera de comer a cinco mil personas con solo cinco panes y dos peces, se convierte ahora en una figura borrosa y extraña que solo acrecienta su temor. El Señor en quien nosotros habíamos depositado toda nuestra confianza y en quien descansábamos totalmente ahora no es más que una figura borrosa. Y empezamos a buscar nuestra seguridad en otras cosas”.
“Es la Cuarta Vigilia. Es decir, el tiempo que precede al amanecer. Tiempo de obscuridad bañado apenas por pequeñísimos vestigios de luz. Tiempo en que se mira todo como a través de un velo.
Es decir, donde nada es perfectamente claro todavía, y en el que debemos caminar a tientas guiados únicamente por el resplandor de una luz que hoy es solo esperanza del día que se acerca. Pero por eso mismo es también tiempo de Fe”.
“Pero regresemos ahora a Pedro”.
“Lo que turba ahora a Pedro es una duda experimentada mil veces por nosotros: ¿de quién es esa voz que en medio de la noche lo interpela diciendo, ánimo, no temáis, soy yo? No temáis es lo que una y otra vez nos repetía Juan Pablo II porque sabe lo peligroso que es el temor. Y es lo que nos dice el Señor en estas horas de incertidumbre. Tenemos que seguir confiando y descansando en Él”.
“No se trata de decir: No, si nada está pasando. El peligro es real y el viejo pescador lo sabe. Hay motivos de sobra para temer. Pero si la voz es suya; si realmente es Él quien clama en la noche y está junto a nosotros, no debemos temer. La fe en su fidelidad y en su amor echa fuera el temor”.
“Pero, el problema es ese: ¿de quién es esa voz que mezclada con la del viento y de las olas llega hasta nosotros desde la penumbra? Ha sido problema permanente del cristiano el discernir las voces que entremezcladas luchan en su interior. La una es de la tempestad y grita: ¡Miedo! La otra es el viento, y grita: ¡Confusión! La otra es del Señor y grita: ánimo. No temáis. Soy Yo”.
(El próximo sábado continuaremos con esta reflexión del señor Mántica)
El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
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