Ya que me he puesto a transcribirles admirables reflexiones de mi amigo Mántica, ante estos tiempos que estamos viviendo, consideré oportuno continuar con más artículos de él, esta vez sobre la fe, porque estamos viviendo tiempos de mucha angustia y confusión, unos por la situación económica, o por el desempleo; otros por la incertidumbre de qué puede pasar en este país que inquieta a todos. Por eso me pareció muy oportuna la lectura bíblica con la que comienza su reflexión: Mateo 14, versículos 20 y siguientes.
“Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos 5,000 hombres, sin contar mujeres y niños. Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, (un Estadio tenía aproximadamente 150 metros) zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Jesús hacia ellos, caminando sobre el mar”.
“Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘¡Es un fantasma!’, y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: ‘¡Animo!, soy yo; no temáis’. Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas’. ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’ Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’ En cuanto subieron en la barca amainó el viento y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios’”.
“Lo que tenemos aquí es un pasaje encantador. A un apóstol loco de amor por Jesús que, aunque estoy seguro era de los que más gritaba: ¡El Fantasma, El Fantasma!, con solo escucharle un ‘soy yo’ ya le está pidiendo poder ir hacia él, y no nadando sino caminandito como su Señor. Pero a mí me da la impresión de que, curándose en salud, le dice: Si sos vos ordename que vaya, que si algo me pasa es culpa tuya. Yo solo cumplí órdenes. Ese es Pedro”.
“Y vino el desastre. El Señor lo sospechó desde un principio. Su primer representante en la tierra, no aguantó el ácido y atemorizado por la violencia del viento y la furia de las olas, la Roca sobre la que Jesús se sueña edificará su Iglesia se hunde y casi se ahoga… Y por eso el grito de Jesús a Pedro, ‘Hombre de poca Fe, por qué has dudado’ (Mat. 14: 22 y ss)”.
“Me preguntarán a qué viene todo esto. Yo creo que son palabras muy oportunas. Vivimos un tiempo de tempestad, pero también de fe. Necesitamos entender las palabras de Jesús y quizás de ello dependa si nos hundimos en la angustia o somos sostenidos por la fe”.
“¿Qué nos dice realmente el Señor con ese grito suyo? ¿Y qué enseñanza tiene para nosotros lo que hizo Pedro, hombre, como nosotros, y de poca fe, como nosotros, que ha dudado, como nosotros, pero que sin embargo regresa a la barca para convertirse en timonel de la Iglesia y en guardián —precisamente— de la Fe?”
(El próximo sábado continuaré con la reflexión del señor Mántica).
El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios
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