Recientemente se dieron protestas en Charlottesville, Virginia, por la decisión del consejo municipal de remover la estatua de Robert Lee, ubicada en la ciudad, quien fue militar confederado en la guerra civil de Estados Unidos.
Terminada la guerra, el Senado —1864— abolió la esclavitud, pero Lee y otros se opusieron a la igualdad racial, derecho al voto y otros derechos políticos de los afroamericanos.
Los concejales razonaron su resolución en que es inapropiado mantener en parques, escuelas, cementerios, iglesias, calles, etc., estatuas o símbolos de personas o instituciones que representan la esclavitud, el genocidio, la crueldad y la violación de los derechos humanos.
En Nueva York, Houston, etc., han removido varias docenas de monumentos, muchos están en proceso de eliminarse. Pero, recientemente, se colocó estatua de la primera mujer afroamericana en el Congreso, la primera dama de los derechos civiles: Rosa Park.
En la Catedral Nacional de Washington, religiosos episcopales, removieron vitrales que honraban confederados: Lee y Jackson.
Los Ángeles cambió el nombre del día de Cristóbal Colón celebrado en octubre, ahora se llama Día de los Pueblos Indígenas, lo han hecho otras ciudades. El sustento: la conquista española fue un proceso de esclavitud, genocidio y explotación para los nativos.
En las ciencias, la estatua del médico Marion Sims, en Nueva York, “padre de la ginecología”, está siendo considerada ser removida. Sims, desarrolló técnicas en cirugía ginecológica que experimentó en mujeres negras esclavizadas, operando sin anestesia, hasta treinta veces a una señora para perfeccionar su método. Aseveraba que las negras no sentían dolor. Recientemente, decenas de mujeres protestaron por la estatua llevando batas ensangrentadas frente a la Academia de Medicina. En esta polémica, la Asociación Médica Americana para conmemorar a las víctimas, alternativamente, recomienda la instalación de una placa señalando la controversia, o un monumento de igual tamaño conmemorando a las víctimas: Anarcha, Lucy, Betsy…
¿Llegará a las religiones? En 1517, la Iglesia católica se dividió, el papa por un lado y Lutero fundando el protestantismo. Originó una fiera guerra por el poder religioso que llevó al Vaticano a cometer un gravísimo —trascendental— error contra los derechos humanos de los católicos. En 1521, el papa León por temor a la verdad del protestantismo —sus libros— decretó que todo libro debía ser autorizado por el Vaticano, dictadura que engendró el “Índice de libros prohibidos”, que terminó en 1966, prohibieron millares de libros. Sumieron en la ignorancia a millones y peor aún, propiciaron una cultura que impidió desarrollar los imprescindibles hábitos de escribir y leer necesarios para progresar: educación. Es imposible hacerles monumentos a los afectados pero sí conviene conmemorar al “libro” con una placa señalando el desacierto, en una estatua tan alta como la Basílica de San Pedro y de cada iglesia católica hispanoamericana y erigirlas frente a las mismas. Conviene más subsanar que permanecer inmóvil.
Sustento; muchas veces la historia ha sido deliberadamente distorsionada para apoyar narrativas perniciosas que involucran personas que han sido olvidadas, ignoradas u oprimidas y no se debe narrar esa historia a través de los espacios públicos. Una comunidad que admite las distorsiones y las omisiones de la historia, comienza con un esfuerzo por ser honesta acerca de esa historia y demuestra la búsqueda de la verdad y la verdad como virtud pública, proporciona confianza y un ejemplo que va más allá del significado de la historia misma.
El mundo nunca ha sido más tolerante o menos violento y se debe a los luchadores por los derechos humanos. “No creas nada, no importa dónde lo leas, o quién lo diga… a menos que esté de acuerdo con tu propia razón y el sentido común”, Siddhartha Gautama.
El autor es empresarios. Autor del libro: ¡La gran pregunta! ¿Por qué los países hispanos son pobres? ¿Qué debemos hacer para salir de la pobreza?
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