Querida Nicaragua: Cuando despertamos en la mañana de cada día siempre tenemos algo en mente y dependiendo de la edad, de las costumbres que hemos visto en nuestros padres y de muchos otros incidentes que vemos en el mundo de hoy repleto de espectáculos, televisiones, presentaciones teatrales, espectáculos deportivos, etcétera, así actuamos.
Hay quien salta de la cama a las cinco de la mañana, se viste con un short y una camiseta de lana para ir a correr unos cuantos kilómetros. Y eso está muy bien, el ejercicio físico mantiene en forma todo el organismo y hace funcionar mejor el metabolismo. Otros se levantan ilusionados por la gira de pesca que tienen planeada en San Juan del Sur o en San Carlos, Río San Juan, preparan sus equipos de pesca el papá, la mamá y dos adolescentes, y felices emprenden el camino. Es lo usual, lo que llena la vida de momentos felices. Unos de un modo, otros de otro. Estoy hablando de gentes de 35 a 50 años y de adolescentes de 14 o 15, esta es una edad en que generalmente a uno no le duele nada, el organismo se está estrenando, generalmente no hay dolores y la vida transcurre feliz a menos que un lamentable accidente, como hay tantos, venga a interrumpir la felicidad de aquellos momentos.
Aumentemos las edades y vayamos a los 50 o 65 años. El mundo ha ido cambiando, los adolescentes de 14 son ahora profesionales, ingenieros, médicos, arquitectos, economistas, ingenieros de sistemas computarizados, administradores de empresas y otras profesiones más. Su padre está llegando a los 70 años. Al señor que va manejando su carro y hace una mínima mala maniobra, por primera vez un chofer vulgar le grita “andá aprendé a manejar viejo bruto”. Era la primera vez que alguien le llamaba “viejo” y fue la primera vez que en realidad se dio cuenta de que estaba en plena tercera edad. Con ella ocurrió lo mismo. Ya no era compañera de sus niños, ellos buscaban otros ambientes, sabían otras cosas, manejaban celulares con una maestría digna de mejor causa, entraban a la computadora y encontraban lo que buscaban, a veces hasta cosas “non muy sanctas”.
La vida de los padres siguió más sosegada mientras los hijos entraban a una madurez que dedicaba más tiempo al trabajo que a las diversiones. En algunas ocasiones se reunía toda la familia que se había hecho muy grande y hacían sus giras para recordar los tiempos de antes.
El día de su 70 cumpleaños el jefe de la familia, el que ya tenía varios nietos y bisnietos recibió cantidades de regalos: camisas, boinas, camisetas de lindos colores, plumas fuentes y muchas cosas más. También le regalaron libros pues le gustaba mucho la lectura y entre ellos descubrió un pequeño librito bellamente empastado, pequeño pero hecho de finos materiales, pasta sólida y resistente y papel de gran calidad. Cuando terminó de revisar todos los regalos se quedó con aquel librito en sus manos, se titulaba Maravillas de Dios.
Empezó a leerlo, era letra hermosa y fácil de leer. Comenzaba diciendo: “Cuando usted despierta por la mañana Dios lo espera para enseñarle el alba de oro del sol y mostrarle un luminoso día, mira el patio o el jardín y Dios le regala lirios y rosas florecidas, Dios le regala también el canto del cenzontle y el vuelo asombroso y multicolor del colibrí, al fondo los trigales florecidos, más allá las bellas montañas azules, ríos, quebradas, lagos y lagunas, también ha oído el susurro de la cascada en el río cercano. Es Dios quien le regala todo esto y más, su salud, su apetito, el suculento desayuno que le espera. ¿No sería justo regalarle a Dios un pensamiento en agradecimiento a tanta maravilla? Solo dígale: gracias Padre Nuestro que estás en los cielos.
El autor es gerente de Radio Corporación.