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La Prensa

España en la encrucijada

El gobierno de la Comunidad Autónoma de Cataluña, España, convocó para este domingo 1 de octubre un  referendo con el propósito de  proclamar su independencia.

La convocatoria del referendo ha sido declarada  ilegal por  los tribunales competentes  de España y de la misma Cataluña. El gobierno central de España, presidido por Mariano Rajoy,  asegura que usará todos los medios que le permiten las leyes para impedir el referendo. Pero   los independentistas se han colocado al margen de la ley y persisten en llevar  a cabo la consulta, a  como sea.

El diario español ABC ha dicho editorialmente que conforme se acerca el 1 de octubre “la tensión en Cataluña se hace más irrespirable”. Y agrega que “da miedo pensar en qué dictadura podría llegar a convertirse Cataluña”. El temor de ABC es provocado no solo por los planteamientos  y el lenguaje político radical de quienes lideran el movimiento separatista catalán, sino también  por los procedimientos que utilizan, desde el atropello a las normas de procedimiento en el Parlamento de Cataluña hasta la estigmatización, agresión  física e intimidación  de estilo fascista y estalinista contra las personas que no están de acuerdo con ellos y lo dicen en público.

España afronta, sin duda, el desafío más grande y peligroso desde su establecimiento  a fines del siglo XV,   contra su integridad de Estado y de nación de naciones.

El pasado 13 de septiembre dijimos en este espacio editorial, que aunque parezca justa la demanda de los que quieren la independencia de Cataluña, “lo justo tiene que respetar el Estado de derecho, ajustarse a la norma constitucional”. Es decir, que la separación de cualquiera de las comunidades autónomas que  integran España, tiene que pasar primero  por una reforma de la Constitución que  en su Artículo 2 establece expresamente “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.
La mayoría de los españoles, incluyendo a los catalanes, ratificó esa Constitución que contiene la proclamación de “la indisoluble unidad de la Nación española”, en el referendo del 6 de diciembre de 1978, con el 87.78 por ciento de los votos. Aunque desde entonces  muchos españoles y catalanes hayan cambiado de opinión,   ninguna de las comunidades autónomas que forman parte de España puede  independizarse  legalmente,  si antes no se cambia esa norma constitucional y fundacional.

Con la separación de Cataluña toda España saldría perdiendo económica  y culturalmente. Incluso la misma Cataluña. Cristina Losada ha recordado al respecto, en una columna de opinión del medio  español Libertad Digital, lo que dijera  el expresidente democrático checoslovaco y checo,   Vaclav Havel, después que Eslovaquia decidió independizarse.  “Sin duda fue positivo que tal cosa al final sucediera, porque seguramente debía pasar”, dijo Havel.  Sin embargo, “nuestra patria, en un sentido espiritual y cultural, se ha reducido y empobrecido, eso no se puede negar”.

Eso es lo mismo que  le sucedería a los españoles, entre ellos los catalanes,  si se llegara a consumar el disparate nacionalista de la secesión.

Editorial Cataluña España independencia archivo

COMENTARIOS

  1. Nica en Madrid
    Hace 9 años

    Efectivamente, convocar este referéndum desde un principio fue inconstitucional, y resulta increíble que el Gobierno autonómico de Cataluña se empeñe en llevar a cabo algo que no tiene validez alguna, sino que demuestra la irresponsabilidad de un político de enfrentar a los catalanes contra el resto de España.
    Pero este movimiento independentista no es de días, sino de antaño y es el vivo ejemplo que la mala política puede llegar a distorsionar sociedades y es lo que ha ocurrido en Cataluña, hacerles creer a los catalanes que son los «todopoderosos» del país y que sin ellos España no funcionará.
    Y los culpables de siempre: Los políticos. Cataluña seguirá siendo española, los catalanes forman parte de la historia de este gran país, y efectivamente, sin Cataluña España no sería igual, pero en el hipotético caso de que algún día quieran independizarse, sin lugar a dudas serán los únicos perjudicados y con dimensiones catastróficas.

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