La secretaría general de la OEA informó que el 10 de octubre comenzarán a llegar los delegados de dicho organismo, que “acompañarán para observar” los próximos comicios municipales.
El anuncio fue acogido con alegría por la oposición que participa en la campaña electoral. Pero ha sido recibido con escepticismo por la otra parte de la oposición, la que no participa en el actual proceso electoral porque considera que no existen las garantías legales y políticas indispensables para que las elecciones sean justas y limpias. Esta oposición ni siquiera cuenta con un partido con personería jurídica, pues el régimen los ha ilegalizado y le ha arrebatado el derecho de participar en las elecciones con su identidad política y sus propios candidatos.
A la desconfianza en las elecciones municipales ha contribuido, de hecho, el mismo secretario general de la OEA. Luis Almagro echó un balde de agua fría sobre las expectativas de su observación o acompañamiento de las votaciones de noviembre, al informar que el jefe de la misión de la OEA será Wilfredo Penco, un funcionario electoral uruguayo que ha acompañado y justificado los fraudes orteguistas anteriores.
A pesar de eso los opositores que participan en la campaña electoral sostienen que hay que darle un voto de confianza a la OEA. Dicen que no es lo mismo acompañar las elecciones de Daniel Ortega como miembro del Consejo de Expertos Electorales de América Latina (CEELA), inventado por los regímenes autoritarios del ALBA para contrarrestar la observación electoral de organismos internacionales independientes, que venir con la responsabilidad de representante de la OEA.
¿Pero por qué tendría que ser distinto? Se dice con razón que haciendo lo mismo que antes no se puede esperar resultados diferentes. Análogamente, tampoco se puede esperar que quien avaló y elogió los fraudes electorales anteriores pueda ser un observador electoral independiente y confiable, solo porque ha cambiado de camiseta.
En realidad, no se trata de desacreditar a la OEA. Esta se prestigia o se desacredita ella misma con sus acciones. Reconocemos e inclusive admiramos la firmeza democrática que ha mostrado el secretario general de la OEA, Luis Almagro, ante la dictadura de Venezuela. Pero como jurista que es el señor Almagro, además de político y diplomático, sabe que el observador electoral, igual que el juez y el árbitro, tiene que ser auténticamente independiente. De otra manera no se puede confiar en él.
Si en vez de escoger al señor Wilfredo Penco, quien se ha parcializado con el orteguismo, el secretario general de la OEA hubiera escogido a un adversario de Daniel Ortega (por ejemplo, el expresidente de México, Vicente Fox), igualmente hubiéramos señalado que tal nombramiento sería incorrecto por notoria falta de imparcialidad.
Se especula con que la diferencia de actitud del secretario general de la OEA con Nicaragua, en relación con la de Venezuela, se debe a un cálculo estratégico que por motivos diplomáticos y políticos no le conviene revelar. Eso explicaría su riguroso hermetismo. Pero nosotros no somos un partido político ni un actor diplomático que operan con estrategias secretas. Somos un periódico libre e independiente que busca la verdad y la dice con franqueza, como tienen derecho de conocerla los ciudadanos.