Leopoldo López es desde ya un símbolo político. Todo lo que ocurra alrededor de su destino será motivo de inevitable ramificación en los círculos que giran alrededor del desarrollo social. No ha sido puesto en libertad. Lo que ha cambiado es la forma y no el fondo. La maniobra en el paisaje. Sin embargo haberlo llevado al balcón de su casa con el testimonio natural de sus jardines, con la bandera venezolana en sus manos ha engendrado una serie diversa de reacciones en el “alma llanera”.
Debe decirse en honor a la verdad que Leopoldo sigue siendo un prisionero político sujeto a ser manoseado por los caprichos del poder que comparten las fuerzas militares y los alaridos de Maduro. La libertad plena es un concepto abstracto originado por las profundidades de la filosofía y de las religiones trasladadas a la política. Las opiniones demuestran que muchas de ellas dependen de la emotividad circunstancial. No han podido interpretar el significado puro de la concepción esenciada de la libertad. ¿Cuándo es verdaderamente libre el hombre? Es una pregunta que se resiste a ser satisfecha con acertada respuesta. Aun cuando el paciente no esté expuesto a las limitaciones “carniceras” de la reja, custodiado por la incertidumbre ¿será efectivamente libre?.
No pocos filósofos concuerdan en que “la libertad es una forma relativa y transitoria de aspiración humana” Coincido con el razonamiento de otros sistemas de opinión: “No hay libertad individual si no es dentro de una nación libre”. La bandera exaltada físicamente estuvo sostenida por la fragilidad manual desde el mismo momento en que el verdugo bien pudo arrebatarla aun dentro de los predios porque él sigue siendo un prisionero político susceptible de ser callado en los momentos en que la euforia proselitista lo convidó a llenar de protestas las calles venezolanas. López ha tomado el riesgo del retorno al “ramo verde”. ¿Ha sido beneficiario de la amnistía López? El término griego lleva implícito al olvido. Pero nada de eso ha ocurrido. Algunos posesionados por la algazara servil señalaron la generosidad de Maduro. Ningún acto de benevolencia ha llovido sobre su concavidad orgánica o psíquica. La sombra de los incriminados antecedentes penales, lo cubre. No amnistiado por el otorgamiento de las leyes específicas podría volverlo a la ergástula en la situación de sus diligencias políticas, su ideología. Creo —fruto de la especulación personal— que la casa por cárcel rechazada con antelación según la versión de su esposa, se aplicó con el objetivo de menguar la rareza incisiva de la tempestad venezolana, lo cual le conviene a un sector de la oposición y al propio Maduro a quien le han atribuido cuotas de redención. Él mismo se ha aplicado un perfil que no termina de convencer a la opinión pública en el sentido de que respeta la independencia de los poderes del Estado pretendiendo evadir el “dedazo” que mantiene por tradición absolutista. Con el breve paso se avizora la legitimidad de un liderazgo antes ausente en el que predominaban —entre celos— Capriles y el susodicho. En el criterio de una mayoría suena con precisión la candidatura presidencial de López. Preocupa más liberarlo que la posibilidad posterior de verlo en la principal silla ejecutiva. No cabe duda: el cabecilla lleva como medalla sufrida en el pecho, el color heroico y añejo de la cárcel, convertido en un símbolo político.
El autor es periodista.