En las últimas semanas LA PRENSA ha informado del pago, desde el Presupuesto General de la República, de deudas asumidas por empresas estatales como la Empresa Administradora de Aeropuertos Internacionales (EAAI), la Empresa Nacional de Alimentos Básicos (Enabas) o la Empresa Nacional de Acueductos y Alcantarillados, (Enacal).
Las sumas pagadas, en relación con nuestra economía, son astronómicas, pero no hay preguntas, no hay mayores explicaciones ni, en los casos que quepa, preocupación del gobierno por plantear soluciones y evitar que estas situaciones se repitan.
Si bien es cierto, la práctica de “salvar” a empresas estatales que asumen deudas que después no pueden pagar ha ocurrido en el pasado, sí debería preocupar el hecho de que se recurra a este mecanismos con más frecuencia y sin cuestionamientos.
La eficiencia en el manejo de los fondos públicos -fondos que son de los nicaragüenses- es un deber de los gobernantes.
Solo en el mes de junio, el Estado ha pagado 1,024 millones de córdobas por las deudas de esas empresas. Una cantidad tan grande que la mayoría de los nicaragüenses no la podemos ni siquiera imaginar junta. Sin embargo, en la cancelación de estos préstamos hay ineficiencia y falta de transparencia.
El caso de las deudas de Enacal se ha convertido en algo crónico. El gobierno da por un hecho que esta es una empresa estatal condenada a ser deficitaria y de manera automática el Estado asume, por ejemplo, las deudas de energía de la distribuidora de agua. ¿Existe algún plan para que la eficiencia de Enacal mejore? Se desconoce. Su deficiencia y sus déficits ya son algo “aceptado”. ¿Pero esto debe de ser así? De ninguna manera.
Para comenzar, no podemos ni debemos de perder de vista, ni podemos ni debemos dejar de repetir, que estamos ante un régimen que lleva once años en el poder. Su entronización se la ha garantizado a través de fraudes electorales. Lo menos que deberíamos pedirle los nicaragüense es eficiencia. Han pasado once años y todavía no saben qué hacer ante problemas como Enacal. Algo anda muy mal aquí.
En el caso de la EAAI hay una combinación de falta de ineficiencia y falta de transparencia. Ya van varios años que el Estado debe pagarle deudas a esa empresa, la explicación, bastante superficial, es que se construyeron varios aeropuertos que son deficitarios, como por ejemplo, el de Ometepe. Pero, ¿acaso los encargados de esa empresa no debieron hacer los estudios correspondientes para asegurarse el retorno suficiente para cancelar lo prestado? Y no podemos olvidar que la persona que estuvo al frente de esa empresa por casi 10 años fue destituido silenciosamente dejando una gran cantidad de preguntas que no han sido respondidas ni por él ni por la Junta Directiva de EAAI y mucho menos por la Presidencia de la República.
Y lo que se refiere a los 458 millones de córdobas que el Estado tuvo que pagar a Caruna por deudas de Enabas, la falta de transparencia es total. Según lo informado en La Gaceta el pasado 30 de mayo, ese es “el último pago” de una deuda adquirida por Enabas para “la adquisición de alimentos para programas especiales”. En total esa deuda fue de 864 millones de córdobas.
Pero el régimen bicéfalo deja varias preguntas sin respuestas: ¿No eran estos programas financiados por la “solidaridad venezolana” con el acuerdo petrolero que manejó a su antojo Albanisa? ¿Qué justifica que Caruna, la cooperativa utilizada para canalizar la cooperación de Venezuela hiciera el préstamos? ¿Se pudo haber evitado esa ganancia de ocho por ciento de esta entidad a costa de los impuestos de los nicaragüenses?
Hay literalmente una danza de millones que van de nuestros impuestos a bolsillos particulares y aquí no hay Contraloría ni Asamblea que pueda siquiera preguntar si hay abusos detrás de todo esto. Esta situación es totalmente anómala.